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Insignificancias… ¿Cuánto queremos ser “especiales” o sentirnos así?

ser especiales

¿Cuánto queremos ser “especiales” o sentirnos de esta manera,
En Taller de vida, te presentamos INSIGNIFICANCIAS.
Colaboración del psicoterapeuta humanista,
Antonio Ayala.

Insignificancias, la verdad acerca de querer sentirnos “especiales”.

insignificancias ser especiales

Hace un momento, concluyendo una de mis consultas, aproveché el espacio libre para ir por un helado a un par de calles y dar de vuelta una caminata mientras despejaba la mente.

En el viaje de vuelta, crucé camino con dos adolescentes de diferentes sexos que platicaban con mucha solemnidad, mientras él lloraba desconsolado, ella intentaba animarle con palabras, -al menos eso entendí-.

Al cruzar mi trayecto con el suyo alcancé a escuchar “…pero tú eres especial, porque…” después lo demás perdió sentido para mí y me clavé en esa peculiar y pretenciosa frase: “Tú eres especial”.

Recordé en el momento cuando alguien a quien he amado o amo, me lo ha repetido a modo de sembrar en mí, una verdad indiscutible.

Pensé en lo útil pero peligroso, que resulta creerlo, porque “ser especial” significa, ser algo distinto, distante de lo ordinario, irrepetible, selecto y que se aparta del común por encima de todos.

¿Y a quién no le interesa poder ser especial en dicho sentido?; hacemos hoy en día todo por poder ser dignos de tal elogio (compramos lo que nos pueda dar ese plus de especialidad, buscamos ser de la élite de consumo con tal de diferenciarnos del grueso y asumimos ideologías, ropajes, modos y formas de vida, para poder serlo, incluso buscamos como pareja, alguien que nos facilite darle vigencia a esta ilusión de ser especiales) y damos dolorosamente contra el suelo sin poder meter las manos, cuando lo real nos avisa, lo ordinarios que al final resultamos.

Caí en la cuenta de que hace tiempo, he dejado de perseguir dicha acepción, porque en mi caminar he ido comprendiendo lo ordinario y común que resulto en todas mis formas, como la manera predecible en que evidencio mi existencia en los diferentes momentos que conforman mi vida.

Tal vez entonces, ser especial se logre entendiendo con claridad la pluralidad de la cual formamos parte y que lo especial del ser humano, radica en dejar de lado la idea de individualidad (culto al ego, segregación) para dar paso a la colectividad y formar así una verdadera unidad.

Ser una especie que, en su armónica unidad, encuentre la salvación de esa necedad por ser sobresaliente, distinguido entre todos y parte de este grupo “selecto” de personas supuestamente especiales.

Hace años dejé de intentar ser “especial” a cambio de preservarme como un ser íntegro que reconoce su dependencia de los demás en sus relaciones interdependientes y no como alguien que pretende ser indispensable para los demás.

No creo que este chico antes mencionado, necesite creer que es especial, supongo que el drama de lo que sea que conforme su complicación existencial, radica en la necedad de querer serlo y su angustia en el miedo por no lograrlo nunca.

Si comprendiera que esa sensación de indefección que hoy permeaba su ser, puede ser mitigada renunciando a la búsqueda del reconocimiento, apropiando su insignificancia, comprendiéndola, aceptándose como uno más dentro del conglomerado, ubicando su papel pertinente en sus escenarios sin pretender protagonizarlos; entonces, no cabría pena por hoy no ser suficiente para la tarea que se le encomendó socialmente o suficiente ante la circunstancia planteada, cualquiera que sea.

Ser especial entonces, puede ser comprender que no se es único en esencia; si en las especificidades. Sin embargo, terminamos por ser diferentemente iguales y eso nos anula la posibilidad de ser algo más que otro más.

Yo disto mucho de ser especial, porque admito que en reiteradas ocasiones me he descubierto creyendo estar fuera del común y eso me hace tan ordinario, como todos los demás. Por cierto, que ricos están estos helados…


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Una buena historia tiene el poder de cambiar una vida. Ayúdanos a llevar una oleada de bondad a tu ciudad.
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