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Felicidades psicólogos…

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El psicólogo es un alquimista porque utiliza las tristezas y amarguras, transformándolas en alegrías y gratitudes. Recientemente se celebró el día del psicólogo, hoy dedicamos este texto a todos aquellos que se dedican a tan loable profesión.
Ésta es una colaboración del psicoterapeuta humanista,
Antonio Ayala.

Es un intérprete, un facilitador, un guía, es oyente, observador, un psicólogo.

El psicólogo es un alquimista porque utiliza las tristezas y amarguras, transformándolas en alegrías y gratitudes; es un artista que moldea, crea y construye paraísos habitables sobre hostiles escenarios.

psicólogo

Es un intérprete que comprende el discurso que se cifra detrás de las palabras con que se ocultan los significados.

Es un facilitador que promueve la culminación de procesos inacabados que obstaculizan por no concluirse.

Es un guía que devela los oscuros senderos del inconsciente para no tropezar con ansiedades; es un analista que colabora con el analizante en el arduo descubrimiento de sus adentros para que estos no le tomen por sorpresa

Es un observador que utiliza su discernimiento para descubrir al otro de lo que el otro no fue capaz de descubrir en si, por cobardía o ingenuidad.

Es un oyente que crea puentes discursivos para poder llegar al otro a través de las palabras y entonces comprenderle; por último, es un verdugo, que inquisitivamente cuestiona, escucha, mira y observa al otro, para darle fin al victimario que vive dentro del que angustiado, se ha decidido al fin a romper las ataduras inconscientes que lo atan al sufrimiento.

Cierto que el psicólogo estudia el “Yo” pero esto no puede ser posible sin el “Tú”. Es a través del otro que la introspección llega, porque somos una proyección en cada forma de nuestras relaciones; por medio de la relación interpersonal, puede llegarse a la relación intrapersonal. El otro es el camino más corto para llegar a uno mismo.

A los psicólogos se nos paga por decir aquello que no se quiere escuchar, observar lo que tanto avergüenza y provocar que amen aquello que tanto se odiaba de sí mismo: los defectos.

Que logren exigirse a sí mismos, para dejar que el mundo siga siendo el mismo, pero que ellos ya no sean los mismos para este mundo.

No se va al psicólogo a ganar cordura, se trata de perderla, de ganar la locura necesaria para no sufrir de normalidad. Ese uniforme que va en contra de la autenticidad.

Ser psicólogo va más allá de la llana tarea de estudiar al otro; el psicólogo se mira a sí mismo a través del otro, se construye a partir de su semejante, se analiza y está en el constante estudio de su verdadero objeto: él mismo.

Ser psicólogo no radica en un supuesto saber de la historia de la psicología, el conocimiento teórico de las distintas corrientes o sus metodologías. Un título no hace al psicólogo; sí, el constante estudio del yo. La búsqueda constante por el autodescubrimiento.

La vida es una suma de sentidos que estructuran una metáfora incomprendida por el suicida, interpretada hostilmente por el depresivo, entendida caprichosamente por el neurótico, reformulada fantásticamente por el psicótico, reinterpretada múltiples veces por el filósofo y analizada en sus partes por el psicólogo.

El verdadero psicólogo hace psicología consigo mismo no con otro, se analiza; en el trabajo terapéutico enseña al otro a ser su propio analizante y a hacer psicología consigo; a que éste vea en sus adentros y se convierta en su centinela que cuidará de sí, para que sus miedos no sean proyectados en su perjuicio y amplíe el umbral de observación en su diario vivir.

*Fe de erratas:
“Los psicólogos se dedican a analizar a la gente”
* Los psicólogos no analizamos, somos facilitadores para que otros se vuelvan sus propios analizantes.

Aquel que analiza su comportamiento, se dice sus propias verdades, se pone en tela de juicio, se brinda contención en medio de lo adverso, va en contra de sus propias justificaciones…Todo mundo lleva un psicólogo dentro, y tú… ¿ya lo despertaste?


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Una buena historia tiene el poder de cambiar una vida. Ayúdanos a llevar una oleada de bondad a tu ciudad.
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