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Sentarse en las sillas de Reyes; un legado familiar

En Navolato una familia preserva la herencia de tejer sillas a través de los años. Hace sentir como reyes a quienes las utilizan. 

Román Reyes Verduzco era un joven de 24 años cuando llegó a Navolato. Procedente de Sinaloa de Leyva venía a buscarse la vida.  Don Román encontró algo más.

La belleza de Teresa Félix lo deslumbró y cautivó para los días de su vida. Se enamoró cuando ella trabajaba en el corte de tomate en los campos de Villa Juárez.

Siendo una jovencita de 14 años y huérfana de padre y madre vivía en casa de su hermana mayor, pero el amor tocó a su puerta. Teresa y Román se fueron a Navolato para iniciar una vida juntos. 

Ahí Román trabajó en todo lo que podía para mantener a su nueva familia. Sin un lugar a dónde resguardar a su familia, un señor de buen corazón le dio un pedazo de tierra para que construyera una casita. Y así lo hizo. Con sus propias manos levantó una choza.

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Para Tere ese lugar era mejor que un palacio. No importaba que su castillo estuviera hecho de palos, tierra y cartones. Vivía con el amor de su vida y sus 9 hijos.

Con el paso de los años la fortuna tocó a la puerta de don Román. Mientras un hombre pasaba por la calle tocando puertas ofreciendo su talento y tejiendo sillas Román le extendió una mano. Le ofreció un lugar para dormir.

En agradecimiento este artesano fue su maestro, le enseñó el oficio y ahora Román era un tejedor de sillas, donde además también tejía sueños y esperanza para su familia.

Teresa también aprendió y juntos arreglaban las sillas de los habitantes del lugar.

Poco a poco fueron buscándolos más personas. Román y Teresa ahora dedicaban su vida a realizar esta actividad de sobrevivencia.

Fueron muy talentosos porque además fueron considerados dejando siempre un precio accesible.  Los clientes llegaban uno tras otro, y así la fama de la familia Reyes se extendió.

Pero no todo es para siempre, Román perdió la vida y entonces el oficio quedó en manos de Teresa, quien enseñó a Zulema, una de sus hijas quien abrazó el oficio.

Aunque Zulema no se dedica de lleno a esta actividad artesanal, desarrolla con afecto el legado de Román.

Al día de hoy, aunque los años han pasado siguen llegando los clientes procurando a los tejedores.

Ya ni Teresa sale a atenderlos. Ahora se encuentran con una cara nueva. Es Zulema, la tejedora de la familia.

Para ella es un honor poder preservar el oficio familiar, lo hace en sus tiempos libres o cuando el deber así lo manda.

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Con una sonrisa recuerda a sus padres tejiendo sillas y “poltronas”. Con su habilidad artesanal Tere teje sillas y también teje un legado familiar. En Navolato la gente se sienta en sillas de Reyes.

 

Visita: www. navolato.gob.mx

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