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“El Pepino” Hizo de la educación un estilo de vida con generosidad y afecto

El maestro Francisco Javier López García “El Pepino” se honra en ayudar a forjar a los niños en valores dentro de los salones de clases.

Francisco Javier López García conocido por todos como “El Pepino”, es un hombre que desde muy joven sintió el deseo de progresar, y no solo eso; sino de ayudar a otros a salir adelante. En la educación no sólo encontró su vocación, sino que la convirtió en un estilo de vida lleno de generosidad y afecto.

Nacido en el humilde hogar conformado por Mercedes García y Francisco Miguel López “El Bilichi”, Francisco Javier fue el primero de los cinco hijos del matrimonio.

A los 14 años tomó la que sería una de las mejores decisiones de su vida. Estudiar para ser maestro.

Esa decisión, que en su momento llegó a pensar que era complicada, con el paso del tiempo le trajo muchas satisfacciones.

Motivado por doña Mercedes “El Pepino” se fue a buscar su vocación sin sospechar que se encontraría con un amor inesperado. Amor por la enseñanza.

“Sin darme cuenta de cómo sucedió empecé a sentir gran satisfacción por tener la oportunidad de enseñar”. Asegura que no era lo que esperaba. ¡Era mejor!

Al poco tiempo de empezar a trabajar “el profe” recibió su plaza. El sueño de cualquier maestro. Ya dejaría de andar de un pueblo a otro cubriendo interinatos.

Pero cual va siendo su sorpresa, que la plaza le llegó para trabajar en la escuela primaria Carlos García Rivera. La misma escuela en donde él junto con todos los niños de Altata habían tomado clases.

“Que me dieran la plaza y me mandaran a mi primaria fue una gran sorpresa. Al llegar no solo me sentía en casa. Estaba en mi casa”, asegura.

Ahí estuvo al frente del grupo solamente por tres años, pues rápidamente le dieron la dirección de la escuela, y a sus escasos 20 años de edad tuvo la visión para hacerla crecer.

En ese tiempo la primaria solo contaba con seis aulas, pero gracias al amor que “El Pepino” demostró por su escuela y los alumnos, se dio la oportunidad de trabajar de la mano con los padres de familia y autoridades educativas para lograr levantar el plantel.

Fueron 15 años de su vida laboral los que dedicó a dar lo mejor de sí.

Ver pasar por sus aulas a los hijos de quienes fueron sus amigos y compañeros de escuela fue una gran satisfacción para “El Pepino”. Asegura que al ver a los niños esforzarse por salir adelante le hace sentir un gran orgullo. A pesar de las dificultades de diversa índole que pueden enfrentar, siempre logran vencerla y ser un ejemplo de perseverancia.

Y esta enseñanza la adquirió al tener la oportunidad de ir a trabajar a la Primaria Miguel Hidalgo en la Cofradía de la Loma, allá en Navolato.

Tras 15 años de función como director “El Pepino” asegura que tuvo muchas oportunidades de servir. Le tocó tener muchas experiencias que le ayudaron a crecer como persona y sobre todo le recordaron la vocación de docente.

“Cuando trabajé como director de primaria en La Cofradía, hubo muchas oportunidades de servir a los niños y a sus familias, y siempre lo hacía de muy buen ánimo”.

El profe “Pepino” siempre fue muy querido por los alumnos de la institución, donde vio pasar a niños que al día de hoy son profesionistas. Eso lo llena de satisfacción.

“Me tocó conocer casos de niños de muy escasos recursos, pero que ponían su mejor esfuerzo para salir adelante. Al día de hoy, son unos profesionistas que se han realizado y la vida les cambió”, señala.

Una de las experiencias que quedó más marcada en su vida es el caso de un niño que por la condición humilde de sus padres acudía cada día a clases sin desayunar y sin un solo peso para comprar algo que mitigara el hambre.

Según el director, el maestro le había reportado el bajo rendimiento de ese alumno, por lo que “El Pepino” se acercó para conocer la situación del niño.

Al platicar con él descubrió que no era sólo la pobreza, que aquejaba al estudiante. Recientemente había perdido a su papá. El dinero que la mamá lograba llevar a casa era muy escaso, por lo que solo realizaban una comida al día.

Ante la situación, “El Pepino” sintió un “golpe en el corazón”. Decidió que a partir de ese día ese niño tendría algo que comer en la escuela, por lo que pidió a las señoras de la tiendita que le dieran de comer a diario, y lo anotaran en lista de adeudos del director.

“Aunque no era mucho, trataba de ayudar a los niños con precariedad. Que siempre tuvieran algo, al menos para comer, y en la tiendita de la escuela se lo daban, y me lo anotaban”, asegura.

Experiencias como esas, fueron las que marcaron sus 36 años de servicio. Tiempo en el que ofreció toda su calidad humana. Formó generación tras generación, de niños y jóvenes que de él aprendieron el amor por la vida, por la educación, y hoy son grandes profesionistas.

Porque como dice “El Pepino” con un niño que enseñes con amor y dedicación estás ayudando a cambiar la vida de esa persona. Pero sobre todo estás cambiando la tuya. En Altata, Francisco Javier López García es marejada de humanidad.

Periódico de Altata Abril-2021

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