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Juani hizo del pan un milagro para criar a sus hijos

Con 71 años a cuestas continúa con la elaboración de pan y coricos. Vendiendo pan logró sacar adelante a su familia.

En la Cofradía de la Loma todos la conocen como Juani. Saben que en la comunidad no hay pan ni coricos más exquisito que los que ella elabora.

Y es que María Juana Verdugo Rivera no es ninguna improvisada, los más de 47 años que tiene en la elaboración de estos productos la respaldan.

En aquellos tiempos era una joven madre que pasaba por una situación económica adversa. Descubrir el desinterés de quien fuera su esposo y padre de sus hijos aunado a “ver como sufrían hambre sus hijos” la orilló a actuar y encontrar la manera de mejorar su situación.

“La verdad que lo que me obligó a hacer panes y encontrar una forma de salir adelante fue tanto sufrir hambre. Mis hijos se me estaban muriendo de hambre y no podía permitir que estuvieran enfermos por no tener qué darles para comer”, recuerda con un dejo de amargura.

Sin embargo, el amor de madre hizo que se replanteara la situación que atravesaba en el momento. Con una pareja que solo mostraba desinterés y con sus tres hijos que le pedían de comer se armó de valor y decidió seguir los pasos de su abuela.

Con gran temor, pero con el amor por sus hijos que la obligaba a buscar la manera de salir adelante, Juani tomó todos los ingredientes y se aventuró a hacer esas primeras carteras de pan. Fue el primer paso para dejar el hambre. Esos panes esponjosos le cambiarían la vida.

A veces da más una amistad que el que está obligado. La humildad y dedicación en esos panes de la esperanza de Juani, conmovieron a una de sus comadres quien le ofreció ayuda y le enseñó a elaborar coricos. Así, panes y tacuarines fueron el deleite de todos en La Cofradía de la Loma y en Navolato.

“Yo saqué adelante sola a mis tres hijos. En el momento que más necesitaba el hombre me dejó sola… ¡Ah!, ¿y qué hacía? Pues me armé de valor para hacer mi primera cartera de pan. Terminé y salí a venderla a Navolato. A partir de ahí, mi vida y las de mis hijos cambió, ya no tuvimos hambre porque yo no tenía vergüenza para ir a ofrecer el pan”, asegura con orgullo.

Con el paso del tiempo encontró la manera de sacar adelante a sus tres hijos varones. Uno de ellos, el mayor, logró ser policía. Pese a la adversidad que enfrentaron como familia, al día de hoy sus hijos son hombres responsables que han encontrado un trabajo digno y no se olvidan de su madre.

Sin embargo, el deseo de ser autosuficiente continúa vigente en esta mujer, pues con sus 71 años encima se levanta temprano a amasar y hornear sus panes y coricos. Para el medio día ya está en la calle vendiendo sus ricos panes de cajeta, queso y calabaza.

“Los hago y salgo a vender. Ya no necesito irme hasta Navolato, la gente de aquí mismo del rancho me compra todo. De volada los vendo”. Es lo bueno de tener el toque y el deseo de continuar deleitando a sus fieles clientes de pan y coricos.

Deme dos para comer aquí… A Juani, el pan le cambió la vida.

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