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Una travesura infantil convirtió a “El Chiquilín” en un experto hombre del mar

A sus 12 años y sin ninguna experiencia “El Chiquilín” se hizo a la mar porque deseaba ser un pescador.

Alberto Eleodoro Amézquita García, “El Chiquilín” siempre fue un niño inquieto. Con ideas novedosas que les llamaban la atención a sus amigos en Altata.

Las travesuras que ideaba lo hacían ser “popular” entre los demás niños. Él nació entre las redes. Su padre, don José Amézquita era un hombre de mar. Apasionado con lo que hacía, pues cómo no, si esa era su fuente de ingreso y la única manera de sacar adelante a su familia.

Su padre, junto con otros buenos hombres de Altata fueron los fundadores de la Cooperativa Puerto de Altata. Siempre un ejemplo para sus hijos que tomaron las mismas olas hacia el mar.

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Desde que era pequeño, Alberto Eleodoro o, “El Chiquilín” como es conocido en el Puerto, tuvo el deseo de hacerse a la mar. Por ser una actividad tan peligrosa para un niño, su padre no le permitía acompañarlo “hasta que cumpliera 15 años”, dice con la voz de enfado de un adolescente.

Sin embargo, su deseo por entrar a conocer las entrañas del señor mar, y como un manifiesto de la rebeldía de la adolescencia “El Chiquilín”, junto con otros dos de sus amigos, una noche cuidando de ser descubiertos dejaron sus tibias camas, tomaron las redes y en una panga de remos se hicieron a la mar.

Periódico de Altata Junio-2021

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“La primera vez que entré al mar, fue por una travesura, mi papá no me dejaba meterme al mar y yo ya tenía 12 años cuando junto con otros dos jovencitos amigos míos nos aventuramos. Agarramos la tarraya y un bote de remos y allá vamos. No regresamos en toda la noche, nuestras familias ya nos estaban buscando preocupados y que vamos llegando como con 200 kilos de camarón, nombre aquello fue una fiesta.”, señala don Alberto Eleodoro con aquella voz de satisfacción.

Según “El Chiquilín”, esa fue su primera aventura. Pero con el paso del tiempo tuvo la oportunidad de trabajar de la mano con su padre. A don José, le aprendió el amor por el mar; también como buen padre, le fue enseñando una a una las artes de la pesca; y junto con ello un inmenso amor y respeto por ese mar que durante al menos 48 años le proveyó el sustento para su familia.

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A sus 76 años de edad, Alberto Eleodoro continúa añorando aquellos tiempos, donde dice que, aunque no era fácil, era más sencillo ser pescador.

“Siempre fui muy terco y trabajador. Me salía en la madrugada de la casa y ya no regresaba hasta que amanecía. Quería traer mucho producto para poder traer “la papa” para la mujer y los hijos”, dice mientras se talla la frente con el antebrazo, para aminorar las gotas de sudor que surcan su rostro buscando refrescar el cuerpo.

Además, los tiempos ahora son distintos para los pescadores. La situación del mar era distinta, según las palabras de Alberto Eleodoro “el mar estaba sano”. Asegura que tenía más producto del cual echar mano.

“Anteriormente nos iba mejor a los pescadores de lo que les va ahora a los muchachos. Antes todo lo hacíamos con tarraya, se necesitaban tres hombres por embarcación. Ahora todo es más moderno con un solo hombre se puede sacar la pesca del día”, Eso según el experto pescador, lo convierte en un arma de doble filo. Al ser “más sencilla”, la manera de extraer el producto marino permite que sean menos hombres por embarcación y a su vez más embarcaciones para el mismo número de producto.

“Ya no se compara la cantidad de producto que extraen ahora los pescadores como lo que sacábamos antes. Hay más embarcaciones, el mismo número de producto”, indica con voz de reflexión.

Y luego de esos momentos reflexivos le llega la inspiración. Recuerda que en aquellos añorados ayeres cuando estaba con su padre la primera raya que recibió fue de $600 pesos, que para él era mucho dinero.

“Me acuerdo que, con mi primera raya le di 300 pesos a mi mamá y además me fui a Culiacán y allá me compré un cambio de ropa, una camisa que me gustaba mucho, un pantalón, zapatos y hasta me compré un disco de vinilo de un artista que me gustaba. Ya ni me acuerdo quién era el cantante, y lo mejor es que no solo me alcanzó. ¡Hasta me sobró dinero!”, dice con asombro.

“El Chiquilín”, todo un “avispado”, entendió que la pesca era su mejor opción; y así hizo. Dedicó su vida a los trabajos de la pesca. Con su esfuerzo sacó adelante a cinco hijos. A todos les dio una profesión, quienes considerando con amor a su padre lo “obligaron” a dejar el trabajo en el mar para dedicarse a disfrutar de la vida con su esposa, hijos y nietos.

Los años han sido benévolos con “El Chiquilín”, ahora las travesuras las hace en complicidad con sus nietos, pero desde su hogar. Vive disfrutando de su amor el mar y la brisa que lo liga al viejo Altata.

 

 

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