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Transparentando la salida en la droga del cristal

Y me dijo veme bien, porque quizá sea la última vez que me veas…

(TBN) Andrea tenía mucho dolor, aceptó consumir la droga cristal como última opción. No sabía que mitigar el dolor físico la llevaría a un dolor más profundo, un dolor que le ha dado más llanto que todos los malos momentos de su vida juntos.

Sólo escuchó un chirrear de llantas tras de sí, y de continuo un estruendo y un severo golpe. Antes de darse cuenta ya había golpeado con su cuerpo el tablero de su coche. Fue un choque por alcance. Le destrozaron el coche por detrás, y de paso estaba comprando el boleto para empezar a destrozar su vida.

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No fue problema que no le pagaran los daños materiales. Fue problema quedar con un esguince de vértebra 3, con invalidez temporal, y un dolor para gritar día y noche.

Andrea no es su nombre legítimo, sólo es legítimo su testimonio y su llanto. Porque su nombre original lo está volviendo a restituir lavándolo de lo que llama la maldición del cristal. Sus palabras retratan el dolor y sus lágrimas lo confirman.

“Recuerdo que al verme llorando mi pareja me dijo: ¡Aaay me duele verte así!. Y salió a su carro. Cuando regresó, el traía una pipa y me dijo, ¿quieres que se te quite el dolor?. Yo no sabía que él era adicto al cristal”.

“Yo estaba en shock de dolor. Me acuerdo que le dije que sí. ¿Qué es esto?. Tú fuma, me dijo”.

En la primera fumada el resultado cambió las cosas.

Por arte de magia, se me quitó el dolor, fue una sensación de furor, una sensación de alivio, una sensación, la verdad, de plenitud. Dije que a gusto. Yo creo que fue esa noche, después de 15 días, la noche que dormí bien.

Con el sueño concebido, concibió nuevas decisiones.

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“Al otro día yo ya no quise ningún analgésico… al tercer día yo ya no quise ningún tramadol, al cuarto día hice a un lado la pregabalina… después de 5 meses yo me aislé de mi papá, de mi mamá, siendo que yo cada tercer día les hablaba. ¿Papá cómo estás?, ¿mamá cómo estás?”.

cristal

Por razón de trabajo Andrea no vive en Sinaloa donde están sus padres. Vive en otro estado. Pero donde ellos no ven, su vecina tiene ojos abiertos al cambio.

“Gracias a mi vecina que tomó mi teléfono y buscó el número de mi papá y le habló. Porque a mí no me importaba ya salir en bóxer a la calle. No me importaban ya muchas cosas”.

Con los gases del cristal Andrea evaporaba la vida.

“Uno cae, pero no se va uno solo, arrastras a lo que más quieres. En este caso yo no tengo hijos. Dios no me dio la dicha de ser mamá… (llantos y sollozos interrumpen el habla)…perdón…arrastras a lo que más quieres que es tu familia… mi mamá tiene 74 años, mi papá también”…

“Me da mucha pena decirlo, pero uno pierde el pudor. Como el alcohol te desinhibe por un momento, esta droga te desinhibe más cañón, muy feo”.

Y le agradezco a mi vecina. Por un momento yo me enojé con ella; pero hoy, si ella no le hubiera hablado con mi papá y le hubiera explicado cómo andaba yo, yo creo que yo ya estuviera muerta. Porque yo fumaba (cristal) todos los días, no paré en 5 meses, bajé 22 kilos.


cristal

Y el día que Andrea tanto deseaba que no llegara se cumplió. Su padre llegó y tocó la puerta: “Recuerdo tan bien, el primero de septiembre. Él se quedó conmigo, aproximadamente un mes… y en ese mes yo no cabía”.

“En mi casa yo no cabía, entraba, salía, entraba, salía. Él me retiro teléfonos. Me dijo, si quieres que te ayude yo te voy a quitar el teléfono, nada más me dejó tele, el aire acondicionado y un mundo de libros”.

Andrea ya no ocupaba un padre con reglas. “Al principio sí, se acepta la ayuda y no fumar. Pero después te entra una abstinencia espantosa, espantosa. Recuerdo que quería salirme de mi casa y le decía a mi papá. Papá, préstame mi carro voy a ir al banco. Y él decía, yo te llevo hija”…

“¡Pero con una esta!…. Me soltaba yo echando madres, ¡que quiero ir sola!… Hija no puedes, me contestaba”.

“Yo lo que quería era ir a reventarme. Ir a buscar a las personas, a los distribuidores y tronarme”…

Cuando hay drogas no caben los abstemios… “Cuando corrí a mi papá de la casa, recuerdo que le dije… ¡por qué no te largas de mi casa viejo jijo de tu ch… madre!. ¡Me tienes hasta la madre!!!”.

Mientras cuenta la historia postrada tras la barra de la cocina, las lágrimas y sollozos no paran de brotar.

Recuerda que en ese momento ya había decidido: Que se quedara el cristal. Que se fuera el viejo.

cristal

“Recuerdo que mi padre viéndome me decía. Tú no eres mi hija. ¡Maldito demonio!, ¡tú no eres mi hija, regrésame a mi Andrea!. ¡Regrésame a mi hija!. A mi hija noble, cariñosa, respetuosa, regrésamela”.

…“Y yo poniéndome más fuerte, bajo los efectos de esa maldita droga que es el cristal, yo le decía: ¡lárgate!… ¡¡¡lárgate de mi casa!!!”…

“Y mi padre estaba ahí sollozando. Molesto… sentido. Me acuerdo que sus últimas palabras de allá fueron: me voy, hija, veme y veme bien, porque quizá sea la última vez que me veas”.

“Porque me mandas con el corazón derrotado, hecho tiras… aquí están tus llaves, tu dinero, aquí está tu teléfono, aquí está todo, me voy”… Y su voz desapareció. En su retirada también se fue la esperanza.

“Lejos de sentirme mal, me sentía tan bien. Me sentía hasta con alegría porque ya se iba… Eso fue en septiembre”. Pero septiembre, no duró mucho, tras la salida de su padre sus familiares, mandaron por ella para no dejarla llegar al fondo de un abismo del que no todos regresan.

En el mes de noviembre Andrea ya cumplía dos meses en un centro de rehabilitación para mujeres (Vida y transformación). También cumplió años.

“El martes fue mi cumpleaños, yo no había recibido visitas, porque mis hermanos estaban sentidos por lo que le hice a mi papá. Me avisaron que tenía visitas y ahí en la puerta estaba mi papá”… (traía ojos de esperanza).

“Yo me eché a las piernas de mi padre. Lo abracé de las piernas y le pedí perdón. Me le hinqué. Mi papá sólo me dijo levántate… levántate”.

“Me dijo mi papá ahora sí estas en una clínica. Solamente pon de tu parte, yo quiero la misma Andrea de antes. Y aquí estoy”.

“Aquí estoy hablando de mi experiencia, por eso yo quiero invitarte a ti, si tú estás en el mundo de las drogas, en el maldito mundo del cristal, yo te quiero invitar para que pidas ayuda”.

“No te calles, más si eres mujer, si eres madre de familia, si eres hija, si eres una estudiante. Pide ayuda, acércate. Acércate a vida y transformación, a Manantial, a Rehabilítate”.

No te calles, no te calles, porque sola no vas a poder. No podemos engañarnos. Ayúdate y verás que la sociedad te va a volver a reintegrar. Yo estuve a punto de perder mi trabajo, pero pedí ayuda y me apoyaron…

Andrea pasará 4 meses más en lo que muchos dicen es un encierro, pero para ella es la puerta de la oportunidad. Ahí con alegrías, y a veces con resacas y muinas, va dejando atrás lo que fue la maldición de su vida…

No deja de pensar el día que en el trabajo la recibirán otra vez como brillante enfermera.

Estará en el lugar donde puede ayudar a la gente… es su vocación.


Necesitas información para salir de las adicciones, busca ayuda en las clínicas de Renace en los siguientes teléfonos: Shaddai 1460722, Rehabilítate 2753299, Casa Manantial 1720943, Vida y Transformación 7532057 o directamente al Consejo Sinaloense Contra las Adicciones(COSICA).

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Autor

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Coordinador de Redacción. Premio nacional: “Reconocimiento a la Conservación de la Naturaleza 2012”
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