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Avión sin aeropuerto

Avión sin aeropuerto

Escrito por: Rosario Gastelum Castro

¿Alguna vez te has preguntado cómo vive un extranjero en Culiacán, Sinaloa? En esta ocasión te compartimos la historia de un alemán que vivió muchos años con su familia en la capital sinaloense, y que era ‘espía’.

Corrió escurriéndose entre las sombras durante un largo trecho, mientras los segundos transcurrían en un amanecer oscuro y frío, que anunciaba una tormenta; se acercaba a su objetivo: el avión en el que soñaba dejar los alambres de púas que aprisionaban su libertad.

De nacionalidad méxico-alemana, a los once años fue enviado a Holminnden-Alemania a estudiar aeronáutica en un colegio militar de gran prestigio. Ahí lo reclutaron para ingresar al ejército nazi. En un ataque aéreo derribaron su avión, cayendo éste, en el techo de un cobertizo, salvándose milagrosamente, más no así de caer en las manos enemigas… que lo tomaron prisionero enviándolo a un campo de concentración de donde trataba de huir, por el único medio que conocía… los aviones.

Se acercó sigilosamente al artefacto y con la agilidad de un gato trepó, puso en marcha la máquina ante la sorpresa de la guardia militar. Dispararon sin afectar el blanco, protegido por una bruma matinal.

Avión sin aeropuerto

Habían transcurrido escasos minutos de haber despegado, cuando el motor empezó a fallar por falta de combustible, que le obligó a un aterrizaje forzoso en el mar, cayendo esta vez en territorio ocupado por los franceses (1942)

¡Nombre! Ricardo Timmerman
¡Edad! 20 años
¡Fecha de nacientito! 24 de Enero de 1922
¡Lugar de nacimiento! Culiacán, Sinaloa, México
¡Estatura! 1.89 mts.
¡Características! Rubio y ojos azules

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Vociferando le había pedido sus generales el capitán que le inquiría:

-¿Por qué sobrevolaba el campamento? y … ¡Mentira que robabas el avión!, eres un maldito espía alemán …… de nuevo le propinó un culatazo en pleno estómago que lo derribó, cayendo sin sentido.

Con las lamidas del Toni (un perrito que vivía en el campamento) se despertó tirado cara en tierra, aterido de frío y con un dolor agudo en el estómago.

Tres semanas después ya avanzada la noche, a oscuras, cuchicheaban Richard y dos jóvenes compañeros del campo de concentración. –Sebastián uno de ellos comenta:

-Richard, se rumora que piensas irte en el Águila, ese avión que pasa todo el tiempo observando-; Andreas se incorpora un poco en la cama donde estaban sentados los tres y dice:

-¿Cuándo huirás de este infierno?
-¡Ahora mismo!, responde Richard, con ese ímpetu propio de un joven de veinte años

– ¿Quién me sigue?

Al ver que ninguno de los dos que estaban azuzándolo decían esta boca es mía los increpó

-¡Uno de ustedes solo uno, ¡caramba!, que tenga los pantalones suficientes….lo necesito para cargar la gasolina del avión, pero si nadie quieres… ¡Me largo solo!

Del campamento de los militares, se escuchaba vociferar:

… mientras estemos aquí, -rugió- el comandante, morirán diez alemanes diariamente, así que saquen a todos los presos varones.

La larga hilera de hombres parecían sombras escuálidas, grises y hambrientos, caminaban lentamente, de sobra sabían los escogidos que cavarían su propia tumba. Señaló de la fila, a los diez más jóvenes y ordenó.

-¡Un paso al frente y sigan al teniente!

Caía una ligera nevada, les dolían los huesos a cada paso que daban entre el pinar. En un claro del bosque los detuvieron a cavar su propio espacio mortuorio, una, cinco, treinta paladas, ¡muchas más! … Se presenta el pelotón de fusilamiento, ordenando a los diez pararse de espaldas a la fosa.
El jefe del pelotón ordena:

-¡Listos!…preparen… y entre una fracción de segundo y otra, antes de decir fuego!…Ricardo se desmayó por el pánico que lo provocó la escena, cayó como un plomo, (pero sin plomo en el cuerpo) dentro de la fosa.

De pronto recordó la escena, se despertaba de nuevo con los lengüetazos de Toni el perrito dueño del campamento, del campo de concentración y todos sus alrededores, y que tanto se había encariñado con Richard. No se movió, no se sabía vivo, ni muerto, estaba tieso, el frio lo inmovilizaba y una ligera capa de nieve lo cubría, poco apoco se incorporó, salió como pudo de su cueva sin voltear para atrás, seguido por Toni.

¡Me la juego!, -se dijo- y sin pensarlo mucho, (era mejor así) se fue acercando y atisbando con acuciosidad, llegó donde estaba el avión, en su repetido intento de huir; subió rápidamente haciéndose acompañar por Toni…de nuevo la bruma y la hora del amanecer invernal hizo fallar todo ataque de los vigilantes, la visibilidad era casi nula y así despegó en el Águila.

Entre tanto en la ciudad de México, en casa de los Timmerman, platicaban en la biblioteca, tomando café con sus amigos, el embajador de Estado Unidos de Norteamérica, en México y su esposa, Johann Wilhelm y María Dolores Will, que en esos momentos se encontraban nerviosos y apesadumbrados por las noticias recibidas y decía:

-No tenemos conocimiento del paradero de Wilhelm, Richard ni Taytay (Jenny Elizabeth). ¿Qué podemos hacer querido?

El interpelado quedó pensativo, con la mirada clavada en los bellos ojos de su esposa y dijo:

-Lilita, me he puesto en contacto con el embajador de México en Paris, para que por medio del servicio consular traten de localizarlos, no te preocupes, ya verás en poco tiempo sabremos de ellos. Lo dijo con la convicción de una gran esperanza-

-Aquí… nos está apoyando y te repito, estamos muy agradecidos.

Entre tanto allá en el viejo mundo El Águila iba sumergiéndose en el agua del mar Mediterráneo cuando Richard y Toni milagrosamente empezaron a flotar y guiados por el instinto de supervivencia nadaron en las aguas frías… ¿Cuánto tiempo? Nunca los supo Richard. Sólo se encontró de nuevo en un interrogatorio interminable y en manos enemigas esta vez ingleses, e irremisiblemente puesto en el cajón, una jaula de un metro cuadrado que pendía de una escuadra fija en el centro de una explanada, ahí estaba a pan y agua dos veces al día.

Su actitud y hazaña fueron conocidas por todos, así como las calamidades que le impusieron, ganándose con el transcurso de los días el reconocimiento y amistad del soldado encargado de vigilarle y llevarle el pan y el agua diariamente. Era Paul -su vigilante- un muchacho de 22 años, delgado, rubio, tez palidísima y ojos acerados, de mirada franca. Richard simpatizó desde un principio con él y en las largas noches que permanecía en vigilia poco a poco iniciaron comunicación, precaria pero llena de una franca camaradería. Paul sentía una verdadera admiración por Richard, su arrojo y valentía así como su carácter lo hacían sentir una gran simpatía por él.

Cierta noche cuando el silencio lo envolvía todo en voz muy baja, Paul le comentó a Richard:

-Dentro de dos semanas me licenciarán y regreso a Londres, dime… ¿Qué puedo hacer por ti?

Richard le pidió:

-Escríbeles a mis padres y diles que estoy bien y el lugar donde me encuentro, eso los tranquilizará y quizá ellos desde allá algo podrán hacer por mí.

-¡Te lo dije! que pronto sabríamos de ellos Lolita-, dijo Johann Wilhelm a su esposa, ….he recibido esta carta de Inglaterra! Aquí nos dicen dónde está Richard…además las cosas buenas vienen juntas, esta noche nos invita el embajador de Estados Unidos a cenar a su casa, estará el comandante de las operaciones militares de los aliados, Dwight D. Eisenhower y es una cena para diez personas.

Así fue como en la sobremesa le solicitaron al comandante que Richard fuera rescatado de dicho campo por orden del que fuera posteriormente presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Richard retornó a su país, México, en vuelo especial escoltado por Toni su héroe anónimo.

Una buena historia tiene el poder de cambiar una vida. Ayúdanos a llevar una oleada de bondad a tu ciudad.
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