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Opinión

Brindis Navideño

brindis navideño

Por Mónica Picos Salazar

Y ya estamos en Diciembre, el mes más emblemático y colorido del año, lleno de fiestas, reuniones familiares, infinidad de posadas… Pero es 2020 y aunque es diciembre y lo neguemos, este año se respira una sensación diferente. Un brindis navideño…

Han pasado 9 meses desde el día que dijeron que atravesaríamos una pandemia, que habría muchos infectados, que los hospitales se abarrotarían, que nos tendríamos que encerrar en nuestras casas, que muchos negocios no soportarían y estarían en quiebra, que otros sufrirían de hambre, que algunos de los nuestros no llegarían para la celebración de año nuevo.

Pienso en ello y un tremendo escalofrío recorre mi cuerpo. Cierro los ojos y los recuerdos del miedo paranoico ante el contagio de la enfermedad relucen como destellos candentes, de perder a mi hija, a mi madre, a mi abuela, un hermano o mi esposo, recuerdo los ataques ansiosos, las crisis de llantos infundados, luego de pasar mes tras mes encerrada en casa, la frustración y desesperación después de escuchar que murió tal familiar, amigo o vecino.

Pero llegó diciembre. El mes con más personalidad del año. El mes que no es como octubre o abril. El mes donde la reflexión personal abunda y fluyen los bueno y malos momentos, el mes donde nos preparamos para la cena más elegante del año.

En un 2018 o 2019, estaríamos abarrotando las citas de maquillaje para la posada del trabajo sin problema, la de la escuela o de la fiesta familiar; hoy en cambio, aunque las fiestas no han parado y resuena la tambora en muchos sitios al mismo tiempo, hay más tristeza que anhelo, más nostalgia que felicidad, más pésames que buenos deseos, porque este año, el año vacío, espejo o perdido, nos enseñó a la mala que las vanidades y superficialidades típicas de una persona del siglo XXI salen sobrando cuando se trata de supervivencia.

Jaime el chofer que regala peluches a niños en Navidad

Sin embargo, en un mar de malos momentos y un océano de lágrimas derramadas, podemos levantar la mirada y recibir con gracia el obsequio de seguir con vida. Porque por mucho que nos cueste aceptarlo, si estamos respirando, observando, escuchando o probando, estamos teniendo el más grande regalo, de esos invaluables, de los que no se compran…

A veces los día parecen pasar volando, en otros, parecen arrastrarse, cerraremos los ojos y cuando menos pensemos se habrá cumplido 1 año desde el inicio de la pandemia en nuestro país.

Por eso antes de que eso ocurra, quiero invitarte a que hoy en este brindis navideño levantemos nuestras copas por la oportunidad de seguir con vida, de la bendición de haber llegado hasta este día. Que en un año tan complicado hasta una copa de agua es un exquisito coctel.

Levantemos las copas por las familias incompletas de hijos, padres o madres, las familias que pasarán noche buena a la espera de una noticia favorable.

Levantemos nuestras copas por capa momento que lloraste, que sentiste que el mundo se terminaba, que no habría solución, que preferías no existir y aún así saliste adelante.

Levantemos nuestras copas por las últimas palabras, el último beso y abrazo de quienes este año se fueron.

Levantemos nuestras copas por las nuevas amistades y también por las que se han ido; por los amores que ya se nos fueron y por los otros que vendrán.

Levantemos nuestras copas por quienes lucharon para seguir llevando un bocado a casa, por los que ponen su granito de arena para que esto no se derrumbe.

Levantemos nuestras copas por nosotros mismos, porque nos hemos levantado cada vez que la vida parece derrotarnos.

Levantemos nuestros copas porque es hora de mirar diferente al mes diciembre.

Levantemos y brindemos por olvidarnos del rencor, la ira, la crítica, y todo lo que nos daña el corazón.

Brindemos porque los mejores regalos no son los que se envuelven, sino son aquellos que te han sacado una sonrisa espontánea, te han dado un buen momento, una buena enseñanza o te dejan un maravilloso recuerdo.

Levantemos nuestras copas por no olvidar jamás el 2020, por las fuerzas y el coraje que tuvimos que sacar para sobrevivir a un año tan complejo.

Brindemos por la melancolía y las lágrimas robadas, por las nuevas oportunidades, y por la esperanza de encuentra consuelo en un año nuevo.

Por eso y miles de razones más te invito a que tengas un brindis navideño, un brindis lleno de esperanza y fe, porque si algo nos dejan las festividades navideñas son el extraordinario deseo de enaltecer nuestras virtudes. Cumplámoslas.

¡Que esta Navidad la celebres con el corazón en la mano y despidas los malos momentos en tu año nuevo!

Una buena historia tiene el poder de cambiar una vida. Ayúdanos a llevar una oleada de bondad a tu ciudad.
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