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El Playero Occidental (Calidris mauri), su sitio de reproducción en la tundra

Calidris mauri

Dr. Xicoténcatl Vega Picos

Si Santa Claus sale del ártico en el invierno para repartir a diestra y siniestra los regalos a aquellos niños y no tan niños, que se portaron bien en el año, también de esas remotas tierras salen millones de aves que se reproducen en esas frías regiones. El cómo y qué sucede antes de eso es algo que pretendemos explicar en el siguiente relato.

La mañana es fría en la región de la Ladera Norte, en Alaska, lo más al norte, otro paso más y te caes al mar; un día de marzo. Se observa en el horizonte un sol saliendo como abotagado, resistiéndose a calentar el entorno en donde se encuentra una parvada de Playeros occidentales, estas aves se ven exhaustas, cansadas, y flacas, ¿será porque acaban de realizar un viaje por demás peligroso y lleno de vicisitudes? Lo más probable.

En ese pedazo de tierra del norte del Continente Americano, que apenas dos meses atrás estaba sumido en una oscuridad total, llamada la “Noche Polar”, se reproducen estos y otras especies de aves playeras. Con un termómetro que permaneció impávido o congelado a una temperatura menor de los -26° C., en donde el mercurio apelaba a subir, pero el sol, el viento y la nieve, hacían caso omiso de sus quejas, tercas ellas a continuar con la noche polar.

Calidris mauri

Después de esos dos meses de profunda oscuridad, donde, por algún momento, pensaron que por fin ganarían el viento y la nieve a Tonatiuh, el dios del sol de los Azteca, quien terco, tanto en Alaska como en Sinaloa, se negaba a perder. Éste apeló a otra fuerza, la del movimiento de la madre tierra, que como siempre: sabia y sin egoísmos, hizo caso a este llamado, dejando un aparente marasmo en esa región, apela a su compromiso y da muestras de vida, primero es un haz de luz, como un rizo de cabello, que cae como un soplo sobre una nieve albus.

Poco a poco, día a día la nieve prístina se va derritiendo conforme la temperatura aumenta. Aparecen los primeros brotes con unas minúsculas hojas, que en unas horas crecerán. Lo mismo sucede con la dormancia de un sinfín de insectos, que están a la espera de estos cambios de temperatura, para disparar todo su ciclo biológico.

Ahora todo en Alaska se mueve a una velocidad vertiginosa, lo que antes estaba dormido hoy se mueve y rápido. Si quieres sobrevivir como especie, lo mejor es apurarte, esto es la Ley de la Vida.

Las bajas son enormes en el viaje del sur al norte, las diferentes presiones antropogénicas toman su cuota anual. Un puñado de los poco más de 3.5 millones de Playeros Occidentales que conforman su población, se quedaron en el camino, a algunos no les alcanzaron las reservas energéticas para su periplo, su esfuerzo se apagó en una de las tantas lagunas costeras que paso a paso pierden la batalla ante el cúmulo de problemas asociados a los humedales.

Calidris mauri

Pero sigamos hablando de la Ladera Norte, estas aves saben su trabajo, no en vano picotean con frenesí la superficie de los lodazales en busca de alimento. Se congregan en parvadas grandes, que a la distancia se observan como si estuvieran sincronizados picoteando y picoteando.

La sincronizada es una verdad a medias, algunos tienen diferencias de milisegundos, que en tales concentraciones se pueden volver segundos. Esas fracciones de segundo les sirven para su protección, mientras unos comen otros vigilan, si los insectos son sus presas, también estas aves se pueden convertir en presas. Rondan los Halcones Peregrinos, expertos cazadores, aves que parecen bólidos y uno de sus platillos favoritos son las aves playeras.

En el inter estas aves empiezan a descomprimir su aparato reproductor; durante sus vuelos al sur lo hacen para que ese espacio sea ocupado por grasa corporal que les servirá de reserva energética para los cientos o miles de kilómetros que recorren anualmente. Los machos tan lejos al sur como la bahía de San Francisco, en California hasta la de bahía de Santa María-La Reforma, en Sinaloa, las hembras se van más al sur, hasta las costas del Perú.

Mientras su aparato reproductor recupera su funcionalidad, incluyendo su tamaño, que sucede casi inmediatamente después de que llegan a los sitios de reproducción; los machos empiezan una férrea lucha por acaparar los mejores sitios, que estos pueden ser los mismos del año anterior. Un buen pedazo de tierra significa una mejor probabilidad de supervivencia de las crías.

El macho es diligente en su trabajo, hace de cuatro a seis nidos potenciales, de los cuales la hembra seleccionará uno, una vez que terminó el cortejo. De su diminuto cuerpo de 26 a 32 gramos la hembra pondrá, la mayoría de las veces, cuatro huevos, tan conspicuos y bien camuflajeados que se confunden fácilmente con su entorno, imposibilitando a los depredadores a encontrarlos.

La prisa sigue siendo evidente, después de una incubación por la pareja de 21 días salen los pollos, usualmente tres, debido a que uno de los huevos usualmente es estéril, a las 12 horas de nacidos ya abandonaron el nido. Los padres los ayudan un poco alertándolos de los depredadores y orientándolos a las áreas de alimentación. La supervivencia de los pollos se incrementa conforme pasan los días. A las tres semanas ya empiezan a volar. El cuidado de los padres, usualmente el macho, se extiende por unos 5 a 10 días.

El tiempo en Alaska es corto, los adultos lo saben, es por ello por lo que, primero regresan las hembras, viaje largo hasta el Perú, unos días después siguen los machos, esto ocurre en el mes de junio y se puede extender hasta mediados de octubre con la camada de ese año.

Lee: Los manglares y sus servicios ambientales

En Sinaloa estas aves las puedes encontrar en los humedales costeros en el invierno. Recuerda que para llegar a estas tierras tuvieron que recorrer muchos kilómetros, por ello lo mejor es no espantarlos. Déjalos en paz, con todo lo que pasan en sus viajes tienen. ¿O le harías eso a su paisano Santa Claus?.

Felices y cuidadas fiestas.

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Contacto: xicovegadirector@aaves.com.mx

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