Viajes de la infancia

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Los viajes de la infancia son kilómetros de buenos recuerdos que marcan nuestra vida

Tengo muy claro una gran influencia en mi interés por los viajes: mis viajes de la infancia. Recuerdo claramente los veranos en la ciudad de México.

Era muy importante la logística que seguían nuestras organizadoras: mi Mamá Nelly, las tías y mi mamá. Iniciado el período vacacional, adquirían los boletos de camión, Mamá Nelly preparaba pollo frito, compraba fruta y garrafones de agua para el camino. El camión era cómodo, simple, sin mayores servicios que los que requieres para trasladarte.

Hacíamos horas de camino, pero siempre muy atentas, viajábamos solo niñas, era más fácil controlarnos, y obedecer a mi abuelita. Era una aventura crear historias mientras veías el paisaje y aprovechar el tiempo en tareas creativas.

Una vez en Ciudad de México, continuaba la diversión: nos hospedábamos en casa de mis tíos Margarita y Manuel, su cocina deliciosa, todo preparado con amor, los jueves y sábado bajábamos al tianguis, podías comprar quesadillas de huitlacoche, flor de calabaza, hongos o pancita, además de tlacoyos, gorditas y barbacoa de borrego al maguey. Pasar por su interior era probar todo, cuanto vendían.

La casa de mis tíos Yolanda y Fortino era el lugar para aprender manualidades y trabajos decorativos, bajo una disciplina encantadora para “mujercitas” y un poco de literatura, podías disfrutar cada detalle.

Cuando visitábamos a mis tíos Panchita y Pablo, sabíamos que había fiesta, sonaban los instrumentos para afinar bajo la dirección de tío Pancho y todo era diversión. Además podías probar los “polvorones”, una receta magnifica y secreta de mi querida tía.

Una casa más que era vital visitar era con mis tíos Nene y Ernesto, recuerdo los viajes de mi tío a España, traía dos cosas importantes: abanicos de encaje bellísimos y un par de palabrotas que le prohibían decir frente a nosotras. La alegría de mi tía transmitía horas de amena charla.

La visita con mis tíos Petra y Pancho, era de rigor (muy esperada por las niñas), mi tío además de ser el mayor y director musical, nos deleitaba con las “tachuelas”, digestivos a base de jerez, una delicia.

Así pues, puedo contarle sobre cada olor, sabor, color, sensación y sonido. De este último tengo registrado “El cocodrilo verde”, una melodía que identificaba al grupo” Batabano“, con sabor cubano e influencia jarocha.

Cada viaje te permite registrar al final los detalles más importantes y lograr generar imágenes reales que nos acercan a lo que decidamos en la vida adulta para disfrutar o dejar de hacer.

Los viajes de la infancia marcan importantes hechos. En mis tiernos días de infancia registré muchas imágenes con olor y sabor que ahora puedo recordar con melancolía grata.

Y envolviendo aquella maravillosa atmósfera estaba la esencia de lo que ahora me permite ser, presentes con la facilidad de traerlos cuando lo requiero así. Y tantas, tantas otras sensaciones que ahora no alcanzaría a compartirle que evocan momentos pasados que espero seguir recordando.

Los viajes de la infancia se encuentran dispersos con tantos kilómetros de por medio, así como la propia vida. Un viaje representa acercarse a nuestra historia, forjar y reforzar nuestra base, que estas fechas sean el pretexto ideal para reforzar lazos y crear nuevas uniones.

¡Hasta el próximo viaje!

Karla Lozano

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Dra. Karla Lozano

Consultora y coach de vida

1 ComentarioDeja tu comentario

  • Es hermoso recordar esos viajes en familia cuando niños, gracias a Dios nosotros viajábamos muy seguido a Hermosillo y algunos municipios de Culiacan , era divertido nunca lo olvidare

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