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El homicidio daña a todos

En México se castiga con 22 años de cárcel. ¿Vale la pena arruinar la vida por un delito?.

Cuando te invitan a hacer un trabajo malo, o haces un trabajo mal, muchas veces no la piensa uno… Así se inició en el camino del delito el que hoy nos dice cómo se termina llegando a prisión.

Vea el siguiente video:

Fuente: // Tus Buenas Noticias TBN

Tiene autoridad para hablar del tema, pues estuvo procesado a pena de muerte en Estados Unidos, y adicionalmente sentenciado a 30 años de cárcel en México. Su paso por la prisión lo convirtió en mensajero de paz.

Es Olegario Delgado. Se le hizo fácil iniciar su carrera delictiva invitado como “pollero”.

En Estados Unidos no es un delito grave el tráfico de indocumentados; pero la historia cambia de giro si se te mueren las personas con las que traficas.

Cambia de sentido si en tu intento de reintegrarte a la sociedad tus “amigos” en delito te invitan a continuar la amistad y te atrapan en su compañía y sus “movidas”.

Poner los pies en prisión te da el primer impacto de lo que será tu vida en adelante. La llegada a la cárcel es un acto de confrontación.

“Cuando llegué fue un lloro, la verdad como nunca, al escuchar y ver la sentencia que me iban a poner. Es algo desesperado, el mundo encima de ti. En un así, abrir y cerrar de ojos… y lloré, yo creo que sí lloré… lloré varios días”.

La cárcel no es un destino de turismo para sumar recreación… es un destino para restar felicidad. La prisión te separa de tu familia.

“Sientes el destierro, verdad de tu familia, que estás perdiendo a tu familia y que el corazón, ahí sí sientes realmente el corazón partido, dañado, desubicado, porque ya no es lo mismo, estar dentro de una prisión y con una sentencia próxima a recibir grande”.

En prisión tus hijos crecerán sin ti. Debes saber que no estarás en los mejores momentos de tus hijos.

“Piensa en los hijos y hasta llora uno… si nunca lloró uno atrás, llora. En ese momento yo recuerdo que sí, lágrimas salieron de mis ojos verdad, y yo creo que hasta de lo más profundo de mi corazón…

Porque María Fernanda, que era la que sí estaba en ese tiempo, pues era… pues era lo máximo como mi hija, y significaba todo, se podría decir; porque los hijos, tanto el padre como la madre lo dan todo por los hijos… y se acababa ese todo, yo ya no podía hacer nada por ella verdad”.

No es para menos. La cárcel merma la alegría de los niños. La prisión de los padres trastorna la vida de los hijos.

“Pues sinceramente lo perdió todo, todo porque ella estaba pequeña, ella tenía… tenía un año y medio, dos años iba a cumplir. Y se me vino el mundo encima, quebrantándome, quebrantando mi corazón, mi mente y dándole vueltas en mi cabeza…
… ¿cómo mi hija iba a crecer apartada de su papá?… Pero ella perdió totalmente la paternidad, salir al parque quizá, el juguetear… perdió realmente, su mamá fue padre y madre”.

La cárcel no es un lugar para vivir, es más bien un lugar para morir. En la prisión vas dejando la vida… si alguien no te la arrebata antes de la libertad.

“Sinceramente yo te voy a decir que te acuestas con cierto pánico, porque cuando tú te acuestas y alcanzas el sueño, ya no sabes si vas a amanecer, no sabes que te va a pasar…

El corazón sinceramente agobiado, triste… pues esperando… esperando la muerte”.

La maldad es un acto que mayormente viene por invitación… pero después de la invitación la prisión te viene por delito.

“Por eso el consejo que realmente podemos dar es que si estas empujado a querer hacer algún mal, algún trabajo mal, que alguien te invita a hacer algo que está fuera del orden, de la ley del gobierno, pues que la pienses porque te va a llegar el mal”.

Olegario Delgado estuvo prisionero en Estados Unidos por casi un año y libró la pena de muerte con un juicio. Es casi imposible que alguien con esa condena en ese país alguien quede libre.

Y después de otro juicio los 30 años de sentencia en México los pagó con 12 años de prisión.

En esos 12 años hubiera terminado la licenciatura, una maestría y hubiera cursado un doctorado; y estando en trabajo universitario le hubiera alcanzado para un año sabático.

“Y si ya te han ofrecido andar en la maldad, que no lo hagas, que pienses en tus estudios, que pienses en tus padres, que pienses en toda tu familia. ¿Para qué?, para que les des buen testimonio, y seas alguien de hogar, alguien de familia, preparado y recibido”.

Olegario dedicó los últimos doce años de prisión a dar servicio de asistencia espiritual a sus compañeros reclusos. Hoy en libertad es conferencista y promotor de paz.

Por su mala experiencia sí que tiene autoridad para hablarte de las inconveniencias del mal.

Por los tiempos que vivimos aleja a los tuyos de la maldad. Mejor es un llamado oportuno que un grito desesperado en el cementerio.

Con imagen de Christián López.

Acerca del autor Ver todos

Juan Francisco Sotomayor

Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
Coordinador de Redacción.
Premio nacional: “Reconocimiento a la Conservación de la Naturaleza 2012”

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