¡Conoce a los sinaloenses que la están rompiendo en el mundo!

Arte y Cultura

El misterioso origen de el Sauce y la Palma

el Sauce y la Palma

De España a Michoacán para acunarse en Sinaloa. En tierra sinaloense se convirtió en historia

Cuántas veces no has bailado o cantado al son de el sauce y la palma, se mecen con calma. Sus hojas se visten de una cara azul… del sinaloense Luis Pérez Meza, sin embargo, ¿qué pensarías si te contáramos que existe un poema murciano de hace más de 160 años muy parecido a esta canción?

Sin duda, una de las canciones más románticas y sinaloense, es la canción de “El Sauce y La Palma”. Sin embargo, existen escritos que prueban que esta canción no es sinaloense, es más, ni siquiera es una canción.

“Al romper el alba, la niebla es ligera” (es otra versión, “al golpe del alba la liebre es ligera”), es un verso que va más allá de la espontaneidad campirana que caracteriza a la música popular mexicana, de acuerdo con el portal Círculo de Poesía.

A su vez, es tan misterioso que la letra claramente se pierde casi en el anonimato, puesto que depende de la versión que se escuche, ya que ciertos versos presentan grandes variaciones.

Por ejemplo, Lola Beltrán ha cantado “qué lindo es el sol, que horrible la fiera”, cuando la mayoría canta “qué lindo es el sol, que alumbra la tierra”; mientras que el cosalense Luis Pérez Meza entona “qué lindo es el sol, qué horrible la tierra”.

Luis Pérez Meza, apodado “el Trovador del Campo”, impulsó este himno popular sinaloense en los años de 1950, ya que fue la primera persona en grabar la música de la banda sinaloense, o sea, la tambora.

Por tal motivo, a este sinaloense se le conoce como el introductor de El Sauce y La Palma en la tradición musical de México. A él se le debe la popularidad de esta canción, que al día de hoy, se sigue disfrutando en todas partes.

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Entonces, ¿por qué dicen que ni la letra ni la música son de Luis Pérez Meza? La versión del disco de 1951-1952, sí es de él; pero quizá sea una edición de algún escrito que escuchó en la sierra, que aparentemente proviene de los conventos católicos de Michoacán.

El cronista Herberto Sinagawa Montoya, sostuvo que la canción proviene del poema murciano de José Selga y Carrasco. Y en efecto, tuvo la razón.

En el año 2000, el Colegio de Michoacán publicó el volumen “Cancionero Michoacano” 1830-1940, es decir, 120 años de canciones michoacanas, de Álvaro Serrano y Herón Pérez Martínez, en donde resuelven casi en tu totalidad el misterio de El Sauce y la Palma, según el círculo de poesía.

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Los autores del volumen señalan que la canción surgió en España pero que “se acunó en tierras de nopal y de la tuna; tanto así que parece de cuño mexicano. Porque han de saber que la cuna no es donde nace, sino donde se mece la criatura”.

A su vez, afirman que José Selgas y Carrasco (1822-1882) fue quien la escribió antes de los sesenta a su estilo. Este autor era conocido en México y diversos escritos de su propiedad se dieron a conocer en el país. Tal es el caso de la trova de 1900 publicada en El Odeón Michoacano, que va así:

Trova

Ya rompe la aurora la niebla
ligera, ¡qué hermoso es el campo, que hermosa es la luz!
¡qué hermosa es la dicha del alma
que espera: dulce compañera
qué hermosa eres tú!
La palma y el sauce se mecen en calma,
las ondas se tiñen de nácar y azul,
¡qué hermoso es el río y el sauce y la palma:
alma de mi alma, qué hermosa eres tú!
Ya ocultan las flores sus cálices
rojos, inundan los cielos torrentes de luz; busquemos la sombra, si el sol te da
enojos, la luz de mis ojos, mi vida, eres tú!
¡Ay ya se levanta del valle sombrío la tarde vestida de blanco y azul, ¡qué triste está el cielo y el monte
y el río! dulce dueño mío ¡qué triste estás tú!

“Como se podrá advertir, cualquier semejanza sería mera coincidencia con la letra de Luis Pérez Meza”.

No obstante, esa trova ya había pasado por una severa edición, ya es otro texto del original de Selgas y Carrasco. Esa trova ya es un poema, o una canción mexicana, a partir de unos versos separados de un poema original del murciano titulado “El Ruiseñor”, dentro del volumen “El Estío” publicado en Madrid el 20 de abril de 1853 (y no en 1870 como afirmó Herberto Sinagawa):

El Ruiseñor

Oculto entre las hojas,
Trémulo de amor,
Sus tiernas congojas
Canta el ruiseñor.
Y sé, mas no sé cuándo
Ni dónde aprendí,
Que el ruiseñor cantando,
Dice en su idioma así:
-¡Pobre ruiseñor,
Que muere de amor!

Ya rompe la aurora la niebla ligera.
¡Qué hermoso es el campo, qué hermosa es la luz!
¡Qué hermosa es la dicha del alma que espera!
Dulce compañera,
¡Qué hermosa eres tú!

Yo cruzo los espacios;
Las copas de los árboles me sirven de palacios;
Mi madre es la armonía,
Mi padre es el amor;
Yo soy, vida mía,
Pájaro y flor.

Envidian las aves
Mis trinos suaves:
No saben cantar.
Envidian las flores
Mis tiernos amores:
No saben amar.

¡Qué alma en el mundo
De amores herida
Mi canto imitó!
¡Ay! de amor profundo,
Sólo aquí, mi vida,
Sabemos tú y yo.

Tus alas suaves
Tiende sobre mí.
Envídiennos las flores y las aves
Yo canto para ti.

¡Pobre ruiseñor,
Que muere de amor!

La palma y el sauce se mecen en calma.
Las ondas se tiñen de nácar y azul.
¡Qué hermoso es el río y el sauce y la palma!
Alma de mi alma,
¡Qué hermosa eres tú!

p>Yo cuando canto vivo;
Es un raudal de música mi corazón altivo,
La luz es mi alegría,
Mi espíritu el calor;
Que soy, vida mía,
Pájaro y flor.

Tenemos un nido
De plumas tejido,
Que oculta en sus ramas gracioso laurel.
Tú velas, en tanto
Que al son de mi canto
Piando se duermen mis hijos en él.

No saben
En dónde
Se esconde
Este tesoro que el amor nos dio.
¡Ay! es un secreto
Que oculto en los ramos
Guardamos
Tú y yo.

¡Qué alegres, qué bellos
Reposan allí!
Vela tú, mi vida, vela tú por ellos;
Yo velo por ti.

¡Pobre ruiseñor,
Que muere de amor!

Ya ocultan las flores sus cálices rojos,
Inundan los cielos torrentes de luz;
Busquemos la sombra, si el sol te da enojos:
La luz de mis ojos,
Mi vida, eres tú.

Leve y parda es mi pluma,
Mi voz es la del céfiro, que gime entre la espuma;
Es mi contento el día,
La noche es mi dolor;
Que soy, alma mía,
Pájaro y flor.

Altiva es el águila,
Tierna la paloma,
Gallarda y ligera
La garza real;
Mas tú eres mi espíritu:
Para mí en el mundo,
Gentil compañera,
No tienes igual.
¡Cuán rico tesoro
Me ofreces, bien mío!
Tiemblas de placer
Cuando bebo en tu pico de oro
Gota de rocío
Que templa mi sed.

Mis hijos ufanos
Se miran en ti;
A amarte tus hijos
Aprenden de mí.
¡Pobre ruiseñor,
Que muere de amor!

¡Ay! ya se levanta del valle sombrío
La tarde vestida de blanco y azul.
¡Qué triste está el cielo, y el monte y el río!
Dulce dueño mío,
¡Qué triste estás tú!

Las auras sosegadas
Llevan en blandos círculos mis notas apagadas:
Mi última armonía
El último suspiro de mi amor:
Yo muero con el día,
Que soy, vida mía,
Pájaro y flor.

Ven al ramaje espeso
Que guarda nuestro nido;
Quiero morir en él.
Dame el último beso;
Que recojan mi último gemido
Las hojas de laurel.

¿Qué alma en el mundo
De amores herida
Mi canto imitó?
¡Ay! de amor profundo
Sólo aquí, mi vida,
Sabemos tú y yo.

Hará tu llanto
Que mis hijos bellos
Se acuerden de mí:
Enséñales los tonos de m i canto;
Tú, vive por ellos:
Yo muero por ti.

¡Pobre ruiseñor
Que muere de amor!

En negrita aparecen los versos que muestran el origen de “El Sauce y La Palma”, y se resaltan algunos que podrían haber sido modificados.

Recomendamos leer:

De esta manera, el poema murciano se convirtió en una canción y poema mexicano que llegó a través de órdenes religiosas a los conventos del país, probablemente desde Michoacán.

No podremos confirmar su origen al 100%. Pero lo que sí podemos afirmar es que, si Luis Pérez Meza rescató y transformó el escrito, fue gracias a este sinaloense que El Sauce y La Palma enamoró al mundo entero con su bella melodía.

Ver artículo original

Por si no lo conocías: Unidos como hermanos cantemos el Himno de Sinaloa

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