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Las tres dimensiones del talento

las tres dimensiones del talento

Las tres dimensiones del talento hacen referencia a las condiciones que hacen posible el desarrollo pleno de una habilidad, sea esta innata o adquirida.

Es un hecho que todas las personas tienen aptitudes y que algunas de ellas están más marcadas de forma natural. Otras, se desarrollan con el tiempo, aunque no vengan inscritas de forma espontánea. Lo cierto es que en cualquier caso se deben tomar en cuenta las tres dimensiones del talento: Querer hacer, Saber hacer y Poder hacer.

Por más que una persona tenga disposición natural o aptitud para algo, difícilmente esto se desarrolla por generación espontánea. Cuando se habla de las tres dimensiones del talento se hace referencia al hecho de que las habilidades naturales requieren de trabajo, empeño e interés para que lleguen a conformar un talento verdadero.

Lo talentoso no es solo aquello que tiene que ver con las artes o las manualidades. Esas aptitudes pueden ser sensoriales, físicas, intelectuales, emocionales, sociales, motrices, etc. Todas las actividades suponen habilidades y en todos los casos es importante tomar en consideración las tres dimensiones del talento.

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El talento, un brillo misterioso

Uno de los aspectos más desconcertantes del talento es que no siempre las personas son conscientes de que lo poseen. No todos son apreciables a simple vista, ni tampoco todos tienen la oportunidad de expresarse. Por eso, muchas veces se requiere de autoconocimiento y exposición a diversas experiencias para notarlos.

Los talentos se clasifican de muchas maneras y esta es una de las más generales:

  • Talentos evidentes. Son aquellos que se detectan de forma natural y se reconocen de manera consciente.
  • Talentos ocultos. Corresponde a aquellos talentos sobre los que no existe conciencia. Una persona puede ser muy buena para esquiar, pero si jamás se acerca a la nieve, ignorará esas habilidades.
  • Talentos potenciales. Tiene que ver con aquellos talentos sobre los que existe algún grado de conciencia, pero frente a los cuales resulta evidente que se requiere más trabajo para desarrollarlos.

Todas las personas tienen talentos de las tres clases. Sin embargo, no todas se esfuerzan por sacar provecho de sus talentos evidentes, descubrir sus talentos ocultos o desarrollar sus talentos potenciales. Es ahí donde entran en juego las tres dimensiones del talento.

Las tres dimensiones del talento

Como lo mencionamos antes, las tres dimensiones del talento tienen que ver con el querer, el saber y el hacer. Veamos cada una de ellas con mayor detalle.

1. Querer hacer

La primera de las tres dimensiones del talento es el querer hacer. Aunque pueda resultar contradictorio, algunas personas son conscientes de que tienen una habilidad importante para realizar determinada actividad, pero no tienen interés en desarrollarla.

2. Saber hacer

Se suele creer que tener un talento innato es suficiente para aplicarlo una y otra vez. Sin embargo, esto es cuestionable. Siempre se requiere de una formación para moldear esas habilidades, depurarlas y enfocarlas de la manera adecuada.

Alguien puede tener talento para pintar y, de hecho, elaborar obras bellas. Sin embargo, solo llega a hacerlo con una alta calidad si se forma en esa área y enriquece con conocimientos esas habilidades naturales. Cuando no se tiene el talento natural, pero sí el saber necesario, es posible lograr buenos o excelentes resultados también, aunque exigirá mucho esfuerzo.

3. Poder hacer

El poder hacer es el elemento que completa las tres dimensiones del talento. Hace referencia a contar con la posibilidad objetiva de aplicar el talento a una tarea o un proyecto específicos. En muchos casos, significa crear esa oportunidad aún en contra de las circunstancias.

Un camino exigente

Como se aprecia, las tres dimensiones del talento demandan que haya compromiso, formación y acción. Una habilidad solo llega a convertirse en talento o en don cuando se logra que las tres dimensiones estén presentes de manera continua.

Desarrollar los talentos proporciona una forma de felicidad que es difícil de describir. Otorga sentimientos de competencia, seguridad y poder, en la acepción más elevada de esta última palabra. También le otorga mayor sentido a la vida porque la enriquece. De cada uno depende descubrir, cultivar y realizar sus propios talentos.

Con información de La Mente es Maravillosa

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