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Judith venció el Covid. Dice que es un milagro

María Judith Denogean luchó por su vida con todas sus fuerzas cuando el Covid estuvo a punto de destruirla.  Ahora es una vencedora.

En febrero del 2020 con la llegada del Covid 19 a México la vida de la familia de María Judith Denogean tuvo un cambio que marcó sus vidas como la de todo el mundo.

Las medidas de higiene aumentaron en casa, los sanitizantes, gel alcoholado, cloro, desinfectantes, guantes, cubreboca y hasta caretas protectoras no faltaban en su hogar.

A pesar de las medidas que se tomaban no pudieron evitar que entrara el terrible mal.

Fue justamente en abril, cuando se acercaba la fecha de cumpleaños 57 de Judith cuando un problemita de salud la sacó de su casa.

Judith y su esposo acudieron a una clínica particular de la ciudad para buscar ayuda. Al salir del médico la pareja se dirigió a una farmacia y de ahí directo a casa.

“Cómo de que no le íbamos a tener miedo al Covid. Era una enfermedad nueva. Nadie lo conocía. Así que ese día que tuvimos que ir al doctor tomamos todas las medidas necesarias, la sana distancia, llevábamos cubreboca, nos limpiamos las manos con gel. Hicimos todo para protegernos pero no fue suficiente”, recuerda Judith con preocupación.

Sentada en un sofá con vivos color ladrillo  Judith se frota las manos en señal de desesperación. Como si recordar lo vivido meses atrás le atormentara el alma.

Empieza diciendo que no fue fácil estar al filo de la muerte y es que según su expresión de aflicción el temor de dejar a su familia y no volver a ver a sus hermosos nietos la atormentaba.

“Estar sola en la cama de un hospital no es sencillo. Ver ir y venir médicos a los que no puedes ni siquiera ver sus rostros es como estar en un mundo desconocido. Hay dolor y tristeza por todas partes”, asegura mientras limpia de su mejilla una lágrima que se escapa.

¿Y cómo no será una lágrima la que rueda por la mejilla cuando te ha tocado presenciar la muerte?.  La misma muerte a la que haz tenido de frente y por cuestión del destino se ríe en tu cara y se lleva a la persona de al lado.

Momentos difíciles en el hospital

Asegura que fueron días de tormento. Desde el inicio con lo síntomas, temperatura, escalofríos afectaban no solo su salud física, sino su estabilidad emocional.

“Pensar que si era Covid o no, me tenía muy preocupada. Aquí en la casa conviviendo con mi esposo y mis hijos me atormentaba hasta que un día le dije a mi esposo. Javi llévame al hospital porque me muero”. Y sí. Para cuando llegaron los resultados de la prueba Judith ya estaba internada en el hospital.

Fue grande su sorpresa al darse cuenta de que su oxigenación marcaba menos de 40. Desde entonces fue imposible mantenerse despierta. El cansancio que tenía era extremo.

El virus se la estaba “comiendo” por dentro y la angustia y desesperación de su familia se reflejaba al no encontrar los medicamentos que necesitaban para su mamá.

“Allá adentro los médicos y enfermeras me daban palabras de aliento. Pero me preocupaba no saber de mis hijos y lo peor era que no había mejoría en mi salud. De verdad pensaba que moriría”.

Y en señal de que en la mente de Judith la llegada de “su amiga” la muerte era inminente la desesperación crecía a cada momento.

En uno de esos días de angustia pidió a un enfermero que le llamara a su esposo para pedirle que le llevaran a un sacerdote.

“Cuando llegó el sacerdote me derrumbé. Oramos y me confesé. Sabía que ya podía morir en paz” dice mientras hace una pausa para reponerse.

Es que los sentimientos están a flor de piel. Para Judith es un verdadero milagro estar viva. Asegura que le ganó una batalla a la muerte pero que solo fue gracias a Dios que aún la necesita aquí.

“No puedo ni pensar que hubiera sido de mi familia si me hubiera muerto, ese dolor de perder a su madre hubiera terminado con ellos”, asegura con tristeza.

La preocupación por perder la vida

Con la voz entre cortada dice que estaba segura que no iba a lograr salir con vida del hospital, pues por lapsos de tiempo prolongados perdía la conciencia y asegura que era como estar muerta, sin sentir, sin pensar, sin soñar.

Judith dice que tenia mucho miedo de morirse ahí como varios de los pacientes de quienes les tocó presenciar su muerte a pesar del esfuerzo de los médicos.

Ese miedo que aun se hace presente en su vida al pensar que nuevamente pueda contagiarse o peor aún que alguno de sus cuatro hijos pueda padecer.

“Mil veces prefiero estar en ese lugar a cambio de que mis hijos o mis nietos estén libres de esa enfermedad”.

Judith logró salir avante de esta lucha encarnizada que enfrentó. Sin embargo el riesgo sigue y ella lo sabe.

“Esta es una mala jugada que te toca vivir. Dios no lo quiera pero el riesgo sigue ahí igual me puedo volver a enfermar y entonces sí, mis días llegarían a su fin”.

A pesar de lo que vivió junto con su familia Judith se siente agradecida con Dios y la vida por esta nueva oportunidad de seguir viva.

Dice que sigue cuidándose y que esa experiencia la ha hecho más fuerte para enfrentar cada día la adversidad.

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