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Opinión

El malestar que se hizo viral

malestar

Aprender a manejar las emociones y a sustituir actividades rutinarias en casa mejora el tiempo en confinamiento

Dr. Marco Antonio Dupont Villanueva.
www.drmarcodupont.com

Una persona es como una casa, tiene una estructura en la que hay habitaciones y cada una de ellas cumple una función: en la cocina se preparan los alimentos, en el baño nos limpiamos, en la recámara hay un espejo que nos permite vernos cuando nos vestimos, una cama que ocupamos para dormir, en la sala compartimos con la familia, etcétera.

La comparación con la casa nos permite explicar que tenemos un espacio para cubrir cada función como la de salir a trabajar o descansar, hay momentos específicos del día para compartir con los compañeros o comer con ellos y otros momentos en los que nuestra función es llevar a cabo un trabajo, entre otras muchas cosas que nos conforman como personas.

Cada una de estas funciones son incorporadas en cada persona como hábitos que nos organizan, nos dan un orden y nos sincronizan con los horarios del día.

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Esta casa que somos tiene unos cimientos y una estructura que le dan soporte a cada una de las habitaciones. A su vez, esta estructura puede darle ciertos rasgos a la casa: esta estructura es nuestra personalidad. Si se trata de una persona con rasgos obsesivos, le caracterizará llevar con orden y puntualidad cada uno de sus hábitos. Si, en cambio, se trata de alguien con rasgos histriónicos le dará mayor valor a llamar la atención en cada una de sus actividades. Si tiene rasgos narcisistas hará todo lo posible para que todo hábito o rutina esté en función de él mismo.

Esta pandemia ocasionada por un nuevo virus conocido como COVID-19 nos ha llevado a perder nuestras rutinas, hemos dejado de trabajar, de compartir con nuestros compañeros o hemos dejado de ir al gimnasio, por ejemplo. Las parejas empiezan a compartir más tiempo de lo acostumbrado y, en ocasiones, más tiempo del que pueden tolerar uno con el otro y con los hijos.

Esta nueva situación, nos desorganiza, nos confunde y también nos puede orillar a perder el interés por la cosas: nos invadirá una falta de energía que nos dificulta llevar a cabo las actividades que antes hacíamos sin darnos cuenta, cosas tan simples como comer o bañarnos. Nuestra forma de dormir se altera –dormimos poco o demasiado–, nos invade una sensación de tristeza, un vacío de pensar que no hay futuro, que perderemos nuestros empleos, que ya no volveremos a ver a nuestros compañeros de escuela o de trabajo. Ya ni siquiera vemos a nuestros vecinos. Ante todo está el gran temor de perder a un ser querido por la pandemia. El temor al contagio. Se trata de un estado de ánimo bajo, depresivo, en el que nos invaden las ideas de que estaríamos mejor muertos antes que enfrentar la incertidumbre de este momento.

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Es posible que estemos más irritables, sentimos que el corazón nos late con fuerza o que nos oprimen el pecho; nos invade un gran temor y no nos es posible identificar su origen. Empezamos a sudar, nos tiemblan las manos. Nos mareamos y en ocasiones llegamos incluso a tener un desmayo, por mencionar algunos síntomas frecuentes.

Se trata de un cuadro depresivo o ansioso (o ambos ) provocado por el aislamiento y la pérdida de los hábitos por los cuales veníamos funcionando. Esto se debe, en parte a que la estructura de nuestra casa-persona se ve expuesta, lo que hace que algunos rasgos de nuestra personalidad se vuelvan poco funcionales. En algunos casos que se agravan, una característica suele ser que la falta de objetivos, ese “no tener qué hacer” nos lleva a interpretar erróneamente la realidad.

¿Qué se puede hacer ante un cuadro depresivo?

Ante una situación similar a la descrita, hay algunas estrategias que podemos seguir:

  1. Encontrar actividades nuevas que sustituyan u ocupen el tiempo que teníamos para trabajar, como la lectura, escuchar música, armar rompecabezas.
  2. Si dejamos de ir al gimnasio en medio de la pandemia, lo mejor es hacer o copiar las rutinas que solíamos hacer allí en los días en que íbamos al gym. Una buena idea es usar como sustituto temporal las rutinas que se pueden ver en canales de streaming como YouTube.
  3. A la hora que solíamos compartir con los compañeros, es recomendable tratar de hacer una llamada con algún compañero pero sin permitirnos relatar todo aquella angustia que sentimos, pues seguramente después los amigos o los compañeros no nos volverán a tomar la llamada.
  4. La hora de la comida debe ser un momento de tranquilidad y comunicación, funciona que durante esta hora se hable de los planes a futuro, qué película han visto y lo que les gusta hacer. Hay que evitar tocar temas que incrementen el malestar.
  5. Encontrar un momento por la tarde para hablar con los familiares que también se encuentran aislados.
  6. Asegurarnos que la información que tenemos y compartimos provenga de fuentes confiables para no desinformar o propagar información errónea, pues esto incrementaría el mal funcionamiento y el malestar.
  7. Las parejas deben por los menos dos veces a la semana dedicar unos cuarenta minutos para poder hablar de lo que le molesta a uno del otro y viceversa. Esto evitará que se actúe el malestar y se presenten agresiones verbales o físicas.
  8. Hay que buscar un espacio similar para hablar y verbalizar las cosas que vienen sucediendo en el aislamiento con los hijos y proveer un espacio para verbalizar sus malestares y angustias.
  9. Si ha habido una defunción de un ser querido, lo más recomendable es realizar una especie de “misa de cuerpo ausente”, invitando a los familiares a que se unan por Skype, WhatsApp, Zoom o cualquier otra red social de encuentro por video. Esta es una alternativa para elaborar de cierta manera el duelo y no permitir que este se transforme en un duelo patológico.

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Hacia un reacomodo de la “casa”

Todas estas medias tiene la finalidad de reorganizar y reestructurar a la persona –esta casa de la que hablamos anteriormente–, mediante la creación de nuevas rutinas; otras actividades y hábitos que sustituyan a los que hemos perdido durante el aislamiento. También son útiles para evitar que la persona pierda la estructura y más tarde pudieran presentarse patologías más graves.

Si los esfuerzos anteriores no funcionan, es importante pedir ayudar a los Centros de Atención Telefónica, donde hay expertos en ayuda psicológica (SAPTEL , 911 o la página web del Gobierno de México, por mencionar sólo algunas). Ser escuchado por un oído capacitado y entrenado permitirá la catarsis y así será posible volver a escuchar estas interpretaciones erróneas de la realidad y entender la situación a través del cristal de una nueva realidad.

Una buena historia tiene el poder de cambiar una vida. Ayúdanos a llevar una oleada de bondad a tu ciudad.
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