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Los recursos pesqueros, ¿cómo andamos?

recursos pesqueros

Urge realizar acciones en pro de la conservación marina, el aprovechamiento de los recursos pesqueros es insostenible

Dr. Xicoténcatl Vega Picos

Pongan la mirada en los recursos pesqueros. La capacidad de carga ecológica se define como “la producción que no genera un impacto indeseable en los ecosistemas circundantes”. O como les comentaba a mis alumnos, “es la capacidad que tiene una liga para que no se rompa y si eso sucede todo lo que está conteniendo se tira”.

El problema en la actualidad es que es un rompedero de ligas por todos lados. La destrucción de los diversos ecosistemas a nivel global es una constante. Es prudente reconocer que la mayoría de los estudios se centran en los ecosistemas terrestres, mientras que los ecosistemas marinos han quedado desamparados o rezagados de la conservación, esto por la ausencia de datos, entre otras cosas.

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Es entendible esta situación, si en la zona continental es difícil hacer los estudios, no me los imagino en los mares y océanos. Primero por su extensión y segundo por su complejidad taxonómica. Es importante entender que estos ecosistemas marinos juegan un papel importante en la alimentación de millones de personas, además de que un número importante de personas habita las zonas costeras.

Actualmente los recursos pesqueros en algunas de las zonas costeras se encuentran en peligro, esto se debe a la sobreexplotación, contaminación por diversas fuentes, destrucción de hábitat, entre otros. Ejemplos de esto se refleja en hábitats como los arrecifes marinos, que están desapareciendo de manera alarmante, incluyendo muchas de las especies que los habitan.

Como se mencionó con anterioridad esto es preocupante porque no se tienen evaluaciones científicas del estatus de muchas de estas especies que están o pueden estar desapareciendo y las ligas se siguen rompiendo sin ton ni son.
A nivel global se habla ya de una urgente necesidad de realizar acciones en pro de la conservación marina, el aprovechamiento de los recursos pesqueros es insostenible. Pues se dice que las prácticas de pesca tienen daños colaterales especialmente con aquellas especies que no tienen un valor comercial, pero que son capturadas y vertidas al mar muertas.

Vamos a un ejemplo local: la Almeja Chocolata (Megapitaria squalida), se consume de manera abundante y es capturada todo el año en la zona costera del Noroeste del país, por lo que es un recurso pesquero importante para las familias que se dedican a su explotación.

Sin embargo, históricamente se ha dado una sobreexplotación que la tiene en un estado de conservación preocupante, ante esto, el Gobierno Federal emitió algunas recomendaciones en la Carta Nacional Pesquera (2012) en una ficha técnica que incluyen una veda, talla para su captura, tasa de aprovechamiento, entre otras.

Sin embargo, aún y cuando localmente es escasa, la especie no se encuentra listada como una especie bajo algún estatus de protección. Las razones por las que no se incluye pueden ser variadas, pero se especulan tendencias poblacionales preocupantes por las bajas capturas.

Afortunadamente se han tomado cartas en el asunto en algunas comunidades pesqueras, quienes acompañados de Organizaciones de la Sociedad Civil y en coordinación con las autoridades de los tres niveles, han buscado mecanismos que permitan revertir esta decadencia que se observa en las comunidades pesqueras.

Afortunadamente esta “decadencia” que incluye aspectos sociales, económicos y ambientales vislumbra nuevos derroteros con acciones de conservación que permitirán en un futuro un mejor aprovechamiento de este y otros recursos marinos.

Esto es una realidad en algunas comunidades pesqueras que ya se organizaron para tener un aprovechamiento de sus recursos de una manera sustentable. En el Noroeste de México algunas comunidades ya han arropado iniciativas de conservación con resultados positivos, aupando mejores oportunidades económicas.

El “Manglito” en la Ensenada de La Paz, Baja California Sur, es un claro ejemplo de ello, en donde, con un trabajo constante y consciente, sus recursos marinos antes sobreexplotados, se recuperaron con trabajo, ciencia, educación y deseos de un bienestar para ellos y sus familias. No fue fácil pero los resultados están a la vista. Una comunidad preocupada y ocupada pasó de un estado grogui a un estado de benevolencia.

En Sinaloa este movimiento es incipiente, pero siempre es mejor un primer paso que una comunidad catatónica a la espera de apoyos efímeros que al final del día los mantiene en la pobreza. Aplaudamos este esfuerzo y pensemos que existen posibilidades para que la conservación de los recursos pesqueros se aproveche de una manera sustentable.

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