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El trayecto de una mujer que se convirtió en tránsito en Culiacán

mujer que se convirtió en tránsito en Culiacán

No era común ver a una mujer uniformada, mucho menos conduciendo una patrulla. Tres generaciones lograron ser parteaguas en la evolución de la mujer como Policía de Tránsito

La mujer que se convirtió en tránsito en Culiacán es “inspiracional para las demás”, con orgullo dijo Evelia Chávez Cota. La ahora Policía de Tránsito jubilada, junto con dos compañeras llamadas María, platican la historia de cambio para la apertura de esta área para el sexo femenino.

La Policía de Tránsito de Culiacán contó con su primera generación de elementos con carrera policial en el año de 1969, en aquel entonces no se vislumbraba el ingreso de una mujer en la corporación, no como oficial de Tránsito que solo era una función pensada en ese tiempo para varones.

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Fue hasta el año de 1988 que, con uniforme café, por el que apodaban a los oficiales tamarindos, se incorporó la primera mujer, quien logró ser comandante.

Evelia Chávez Cota, Policía de Tránsito ahora jubilada, cuenta que en ese año la Dirección de Tránsito pertenecía al Estado, y fue ahí que ella inició como policía de crucero, agilizando el tráfico y soportando los rayos del sol abrasador en nuestro municipio, pero lo hacía sin reparo, pues portaba su uniforme con orgullo.

Su rostro se dirige al cielo al recordar que poco después, entró a las oficinas como auxiliar, de ahí, comenta, recorrió varios departamentos y jefaturas, y fue hasta el 2008, cuando el entonces director Martín Arámburo le dio la oportunidad de ser Supervisora General de Operativos, cargo que le permitió demostrar habilidades y al acreditar todas las promociones de ascenso convertirse en la primer mujer con mando al ser Subdirectora de la corporación de seguridad vial.

“El lugar me lo fui ganando con las promociones de ascenso, participé en todos; hice siete promociones, y llegué a ser Comandante”, explica Evelia, de quien emerge una sonrisa de orgullo que ilumina su rostro, mientras recuerda que antes el ser Policía de Tránsito era un oficio y hoy en día es una profesión.

Al hablar de la situación de la mujer en sus inicios, la Comandante, mujer de mirada fuerte y porte de oficial, endurece su rostro al recordar que, al interior de la corporación prevalecía el machismo, lo cual le parecía una falta de respeto a las capacidades de la mujer, pero regresa su sonrisa al indicar que le da mucho gusto que esto cambió, y ver hoy a más mujeres que se interesen en ingresar y que se les ofrezcan oportunidades.

Con Maestría en el Sistema de Justicia Penal y cursando el Doctorado en Seguridad Pública, Evelia Chávez actualmente es Instructora Certificada del Instituto Estatal de Ciencias Penales y Seguridad Pública de Sinaloa, lo que la ha llevado a tener contacto con cada mujer que ingresa a la corporación, y donde ha tenido la oportunidad de inculcarles integridad, responsabilidad, compromiso y amor por la profesión, pues asegura, que la cima no tiene límites.

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“Yo creo que la presencia de una mujer es inspiracional para las demás, ahora que doy clases, me da mucho gusto ver a tanta mujer, porque a lo mejor la presencia de nosotras inspiró a otras y luego inspiró a otras, y así esto ha crecido, y espero que así siga creciendo. Que las mujeres tengan la oportunidad de tener un puesto de dirección, de encargo, de condición, que les retribuya el gusto y la satisfacción que en su momento y hasta la fecha sigue vivo en mí”, afirmó la Comandante Evelia Chávez Cota, Policía de Tránsito jubilada en Culiacán.

Con ella el primer paso en la corporación de vialidad se vislumbró, había que dar el siguiente, cinco compañeras recién egresadas trazaron un objetivo, era el momento de hacer historia, pues hasta ese período las mujeres ejercían cargos en oficinas por darles un trato preferencial, se requería un paso más, mujeres operativas que para eso habían estudiado.

El ascenso de la mujer tránsito

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María Elena Medina Garay, Oficial de Tránsito, es una de esas cinco jóvenes con deseos de superación, ingresó en 1997, había activas dos mujeres Agentes de Tránsito en Culiacán y con ellas serían siete.

Con casi 23 años laborados y próxima a jubilarse, al hablar de la corporación y su trabajo al interior, suspira, reclinada en un sofá no deja su pose y se sienta correctamente varias veces, mientras expresa su recuerdo más constante; la reacción de los compañeros al verlas ingresar, y la de la sociedad en general que fue de resistencia, pero eso no la hizo claudicar, el uniforme la fortalecía, era algo que soñó desde niña, y ahora era una realidad.

“Fui de la generación en la que, por primera vez como mujeres, conducimos una patrulla a cargo”, recordó María Elena.

En el 2007 hubo una promoción para patrulleros en la corporación, ellas se inscribieron, aprobaron los exámenes prácticos y teóricos; fue ahí que María Elena resultó candidata.

“Salí candidata y me aceptaron para abordar una patrulla, ser un oficial patrullero, ¡uff, no lo podía creer!, después de tanto tiempo y no había mujeres en patrulla y con temor porque es una responsabilidad muy grande el tener a cargo un vehículo oficial”, expresó.

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Pero su alegría era más grande que sus temores, abordó la unidad y junto a su compañera Araceli, salió a patrullar el primer cuadro de la ciudad.

La gente se asombraba al verlas, no era común ver a una mujer uniformada, mucho menos conduciendo una patrulla, en ese entonces no había equipos telefónicos grabando cada acción, de ser así habrían sido tendencia. Sin embargo, los conductores las señalaban asombrados, y muchas veces fueron objeto de críticas y faltas de respeto, que con el tiempo aminoraron al encontrar en su desempeño la vocación que irradiaban.

“A veces sentía mucha frustración, porque la gente no aceptaba que una mujer se impusiera, más que nada cuando éstos infringían la Ley, al ser amonestados”, explicó la oficial con fascinación, al recordar el asombro con el que las veían al patrullar.

Enfundada en su uniforme de camisa blanca y pantalón azul, con placas distintivas de la corporación y el número 012 que la identifica, recordó que a su ingreso el uniforme aún era café y a ese color le tenía un cariño especial, por ello el día que debió dejarlo fue muy difícil.

“Yo me resistí tanto cuando cambiaron el uniforme, me costó mucho desprenderme del uniforme café, yo lo tenía colgado, limpio y planchado con sus insignias, al dejarlo… lloré”, afirmó, y cerró con fuerza sus ojos, era evidente que no, no fue fácil.

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Así durante el año 2011, ella vivió los primeros cambios en la homologación de colores de las corporaciones de seguridad y con su nueva piel continúa laborando, y a tres años de jubilarse tendrá no solo que cambiar su uniforme, esta vez deberá colgarlo definitivamente, algo para lo que dice quizá no estar preparada.

“Mi trabajo me apasiona y todos pueden verlo. Cuando tenga que irme, me costó desprenderme del uniforme café y sí, no sé cómo le haré para desprenderme de este”, dijo la Policía Primero de la Unidad de Vialidad, María Elena Medina Garay.

Con ella, el segundo evento significativo de la participación de la mujer se concretó; durante las últimas administraciones más de 20 mujeres han ingresado, las oportunidades para ellas crecen junto a su interés por ser parte de aquello que muchos aún piensan que ellas no podrían ejercer, pero para ello hay que dar un paso más y trascender.

Una mujer tránsito en motocicleta

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María Griselda Bojórquez Vargas ingresó el año 2019 como Policía Municipal, donde laboró por un mes y medio, ya que su sueño era ser Policía de Tránsito y logró concretarlo.

Oriunda de la sindicatura de Costa Rica, María, mujer esbelta y morena, de ojos brillantes, con la juventud en puerta, no esconde su orgullo por haber conseguido el propósito que desde pequeña deseaba, y por lo que tanto había luchado.

“Ser Policía de Tránsito era todo lo que yo soñaba y anhelaba, y lo logré”, afirma mientras relata que formó una familia muy joven, y al embarazarse de su primer hijo tuvo que abandonar su sueño, pero solo momentáneamente, nunca desistiría; lo intentó varias veces, y al no contar con bachillerato, requisito indispensable para su ingreso, entró a la prepa, cursando sus estudios por la noche, lo cual la dejó fuera de la entrega de papeles en la corporación, había que esperar al próximo reclutamiento, quería superarse, así que mientras llegaba el momento entró a la Licenciatura de Derecho, lo cual no fue fácil, ahora tenía dos pequeños, sin embargo llegó el tiempo de aplicar, lo hizo y logró entrar a la corporación.

Poco después, relata que, en un pase de lista en los patios de la Unidad de Vialidad, vio uno a uno llegar a los motociclistas a la formación, y aunque lo veía lejano, su deseo de superación creció.

“Cuando yo llegué la primera vez a los patios de la corporación a la formación, y vi las motos dije, que padre algún día llegaré a ser motociclista; pero yo lo veía como lejano”, expresó.

Con su voz suave y entrecortada parece algo vergonzosa, pero todo cambia cuando menciona que un día llegó a dejar unos documentos a las instalaciones y vio al Director, ese era el momento, le pidió una oportunidad: quería ser motociclista.

“Yo le dije que tenía la ambición de ser motociclista, le dije ‘deme la oportunidad, estoy bien puesta”, recuerda y aunque sus compañeros le habían comentado que era muy difícil y eso la hacía dudar, nunca abandonó la idea, había que cumplir la meta.

Al ser de Costa Rica, ella ya sabía conducir un vehículo de dos ruedas, pero nunca uno con un motor tan grande, sin embargo, pensó, no hay imposibles, relata mientras agita sus manos con euforia, presa de la emoción del recuerdo; su peso y estatura tal vez dificultarían el manejo, pero pensó que solo sería cuestión de controlar el péndulo y con ello el equilibrio.

Feliz explica que el Director le dijo que estaba de acuerdo, pero debería aprobar los exámenes obligatorios sobre el manejo de estas unidades, por dentro ella brincaba de alegría, no podía esperar el día en que pudiera realizarlo, una semana después presentó el examen de conducción y fue satisfactorio; a la semana siguiente ya estaba dentro.

“Cuando me dijo que sí, que estaba bien, hice el examen para poder estar ahí, me hicieron el examen y salí bien, a la semana siguiente me dijo el Director: No hay nada qué pensar, ya estás adentro”, revela María Griselda con un dejo de pena al recordar que en ese momento lloró, pero de alegría.

Al ingresar como motociclista, la primera semana fue de adaptación para ella y sus compañeros, las miradas eran extrañas, opina, y su sonrisa no se hace esperar al relatar que ya la adoptaron, y están al pendiente de su ubicación y de lo que necesite.

“Dicen dónde está la moto loca. Ellos son moto locos y yo ahora, moto loca”, considera María, y lo expresa con orgullo ante el cariño de sus compañeros.

Sobre la reacción de la ciudadanía al verla uniformada y conduciendo una motocicleta, entrelaza sus manos, lleva sus ojos al cielo, ella considera que se sorprenden, y no pueden creer que es mujer.

“La reacción de la ciudadanía, se sorprenden, me señalan, me dicen adiós. Cuando paro un infractor se sorprenden y la expresión: ¡es mujer!”, explica y sonríe tranquila, e indica que este es solo un escalón, que ella quiere llegar más alto, piensa que las mujeres deben de luchar por sus sueños e intentar, pues es un orgullo pertenecer a una corporación.

“Yo le digo a las mujeres que quieren entrar que no se queden con las ganas, que lo intenten, no se van a arrepentir, al menos yo no me arrepiento, tengo muchas metas que cumplir y se siente muy bonito que tu familia se sienta orgullosa de ti por ser Policía de Tránsito, es muy bonito que tus hijos digan, ‘cuando yo sea grande quiero ser policía como mi mamá’ como mujer yo me siento muy orgullosa y más por las oportunidades que nos están dando y vamos más para adelante, porque si la comandante Evelia pudo ser Subdirectora, yo quiero ser Directora de Tránsito”, dijo la agente de Tránsito, María Griselda Bojórquez Vargas Motociclista 490.

Y con ella, María Griselda, tres generaciones lograron ser parteaguas en la evolución de la mujer como Policía de Tránsito, el siguiente paso, ya está trazado.

Agradecemos a Odette Alemán, Jefa del departamento de Comunicación Social de la SSPyTM, por compartir esta historia.

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