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El cuidado de la madre naturaleza

Al cuidar el aire, el agua, la tierra, las plantas, los animales y las cosas, nos cuidamos todos.

2 enero, 2021
El cuidado de la madre naturaleza
El cuidado de la madre naturaleza

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Al cuidar el aire, el agua, la tierra, las plantas, los animales y las cosas, nos cuidamos todos

Este es un llamado a redescubrir la profunda verdad de que todos tenemos un origen común, una pertenencia mutua y un futuro compartido. Por lo que cuidar a la madre naturaleza es responsabilidad de todos para construir nuestra casa común.

La Guía Ética para la Transformación de México propone 20 principios para construir una vida y una sociedad mejor. A continuación el número veinte y último.

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20. De los animales, las plantas y las cosas

Al cuidar el aire, el agua, la tierra, las plantas, los animales y las cosas, nos cuidamos todos

La tierra y el territorio, nuestra casa común, deben ser cuidados y protegidos por todos a fin de mantener el equilibrio y la armonía de los ciclos de vida y heredarlos a las futuras generaciones.

Compartimos el planeta con un sinfín de organismos no humanos. Muchos de ellos están en la tierra desde millones de años antes del surgimiento de la humanidad y muchos otros seguirán aquí cuando ya no estemos.

De las plantas y de los otros animales nos distinguen el intelecto y una capacidad cualitativamente mayor para transformar el entorno, tan portentosa como terrible. Salvo por las comunidades agrarias y ancestrales, la humanidad ha perdido el control de esa capacidad y ha generado daños inconmensurables al medio ambiente. Es un imperativo ético de primer orden recuperar ese control para restaurar los ecosistemas dañados o destruidos y colaborar para recuperar el equilibrio perdido en el ámbito planetario, no sólo por la supervivencia de las otras especies sino por la de la nuestra.

El intelecto y la razón no te otorgan privilegios especiales sino, por el contrario, te imponen obligaciones puntuales para con el entorno natural, como la de no propiciar su destrucción y la de no solazarse con su deterioro.

Procura preservar la vida y el entorno natural de los animales y de las plantas a menos que tu integridad y tu vida estén en juego. Debemos ser extremadamente cuidadosos en el aprovechamiento de los recursos naturales y evitar que se produzcan desequilibrios o que los agotemos en el ciclo de unas cuantas generaciones, privando de su beneficio a nuestros descendientes. No contamines el agua, la tierra y el aire.

Tenemos el deber de compartir nuestra atribución de dignidad con todos los seres vivos del mundo e incluso con las cosas inanimadas, como la atmósfera, los ríos y los océanos y los yacimientos minerales, y asumir que no somos los reyes de ninguna creación sino pasajeros, junto con una diversidad de organismos, en una nave que viaja por la inmensidad del espacio.

Lee: La pérdida de bosques y especies

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