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Sequía severa, extrema o excepcional para Sinaloa ¿cuál de las tres?

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Dr. Xicoténcatl Vega Picos/Letras de Vida

Los datos son fríos, dibujan un entorno caótico en el corto plazo. Sin embargo, un segmento importante de la población y del sector productivo aún se niega a creer. Cómo hablar de sequía si “somos la tierra de los once ríos”. Pues con mucha pena, pero es la triste realidad. Nuestra memoria es corta, apenas salimos de las de 1996 y 2011 y ya estamos de nuevo en el atolladero.

En Sinaloa y México nos estamos secando.

Las piedras en los ríos y arroyos ya se ven grises en reclamo de unas cuantas gotas de agua. Es tanta la sed que tienen los diversos ecosistemas que surten las cuencas, que las presas paulatinamente se fueron secando, a grado tal que la mayoría de ellas se encuentran ya en niveles alarmantes.

No quiero ser agorero de malas nuevas, pero hace poco publicaron que ya están aflorando panteones de los vasos de las presas. Será que estos páramos que antes estaban rebosantes de agua son el preludio de lo que nos espera a todos los que nos proveemos del agua de esas presas.

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Actualmente el 85% del país padece algún nivel de sequía. Esa es mucha superficie. El Norte del país, en particular el Noroeste, se encontraba en una “sequía severa” ahora ya le encasillaron a “sequía extrema”, al menos a Sinaloa. ¿Qué son estos niveles de los que ahora hablan? CONAGUA define “sequía severa” como aquella en donde “se dan probables pérdidas en cultivos o pastos, muy alto riesgo de incendios, la escasez de agua es común.

Se recomienda se impongan restricciones de uso del agua”. Mientras que la “sequía extrema” es aquella en donde “se dan mayores pérdidas en cultivos o pastos, peligro extremo de incendio, la escasez de agua o las restricciones de su uso se generalizan”. Parecidas las dos, pero tenemos otra, la llamada “sequía excepcional” que se define como la que “presentan pérdidas excepcionales y generalizadas de los cultivos o pastos, riesgo de incendio excepcional, escasez de agua en los embalses, arroyos y pozos, se crean situaciones de emergencia debido a la ausencia de agua”. Por lo que leo, para mi aplica mejor la “sequía excepcional” en nuestra entidad, ustedes saquen sus propias conclusiones.

Las precipitaciones pluviales han cambiado sus patrones, ausentes en la temporada de lluvias y presentes en otoño causando estragos en las ciudades. Los torrenciales aguaceros tan intensos en pocas horas o días no favorecen la recarga de los mantos acuíferos.

Va un ejemplo, durante el verano la vegetación tropical caducifolia y subcaducifolia que tenemos en nuestra entidad, recibe las primeras gotas de agua de la temporada, su follaje se torna verde y frondoso, casi por arte de magia, aunque ha sido un proceso evolutivo.

Estas hojas amortiguan la caída del agua, favoreciendo su filtración, además de evitar la erosión, entre otras cosas. En otoño las hojas ya están ausentes; llueve a cántaros y “que bonito corre el agua desgranando la arenita”, esas letras de la canción lo describen todo.

Las sequías siempre han existido, lo mismo que los incendios forestales. Sin embargo, ambas se han recrudecido. En el territorio nacional se reportaban 253 incendios forestales para la última semana de abril, afectando un poco más de 17 mil hectáreas (CONAFOR), en Sinaloa para el 7 de mayo la SEDESU reportaba 11 incendios liquidados impactando a un poco más de dos mil hectáreas.

Entonces decir que la tierra de los “once ríos” no enfrenta un serio problema en su recurso natural más preciado para la economía de la entidad es no reconocer la realidad. Oficialmente ya es una sequía, qué tan severa será y por cuánto tiempo continuará eso no lo sabemos.

Pero la definición de “sequía excepcional” encaja muy bien para nuestra entidad, apenas estamos en la segunda semana de mayo y el “rayo de esperanza” de unas gotas de agua asociadas a el huracán “Andrés” se desvanecieron, porque también este Andrés se aleja de los más necesitados.

El desarrollar un programa integral del manejo del agua es necesario, mirar a la sierra como generador de agua, incrementar apoyos para crear una infraestructura pluvial verde que llene cuencas, ríos y arroyos es necesario; incrementar la eficiencia en el uso de los grandes consumidores es el otro reto, inclusive que este sector apoye los trabajos en la sierra podría ser otra opción.

Los que la usamos en casa a dejar de cantar en las regaderas y hacer caso a los “tips” que ya circulan para su ahorro, esto también aplica para las industrias y otros sectores. Son algunas de las muchas soluciones que debemos de buscar.

Cuidemos el vital líquido, ahorremos el agua, entramos o seguimos en una sequía, el nombre o su definición es lo de menos, lo importante es que busquemos modos para ahorrarla y cuidarlos, entre ellos el asumir compromisos reales.

“¡Amanda, ciérrale!”, como decían en el comercial de 1983, que 38 años después desafortunadamente se encuentra vigente:

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