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El Padre Alejandro, un personaje inolvidable de Navolato del Ayer

Padre Alejandro

A pesar del paso de los años el Padre Alejandro sigue siendo recordado por los habitantes de Navolato.

Corrían los hermosos años treintas, cuando a finales de esa época llega a Navolato un personaje sin igual.
Era Alejandro Ruiz Ortiz, un hombre recio de carácter y con un corazón revolucionario. Pero, además; un hombre de Dios.

Exprofeso del estado de Jalisco y luego de haber participado en la evangelización en el norte de Sinaloa llegó al municipio cañero. Ahí encontró una pequeña iglesia de una sola ala con campanario en forma de pirámide para seis campanas, que había sido construido en el siglo.

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Luego esta edificación se convertiría en un ícono arquitectónico del Estado, según señala el escritor navolatense Arturo Alcaraz Soto.

El padre Alejandro marco una época histórica, desde su púlpito establecía las reglas y condiciones a las que los fieles tenían que apegarse.

Según recuerdan los que en aquellos tiempos eran niños, el padre Alejandro no permitía que las damas entraran a la “casa de Dios” con hombros descubiertos; mucho menos podían hacerlo sin su mantellina, rebozo o pañoleta.

Siempre se mostró polémico en sus decisiones, pero orgulloso de los resultados.

Una de las principales características del sacerdote que recuerdan los navolatenses era la organización de las grandes fiestas patronales, y por supuesto, los recorridos que el padre realizaba a pie, ayudado por un bastón de madera y una canasta de cuero en la que recolectaba los pesos y centavos de la limosna de la gente. Eso sí, no podía faltar la “Chirimilla” que lo acompañaba durante todo el recorrido.

A pesar de ese carácter tan recio que lo identificaba entre los fieles católicos, logró tener un gran dominio sobre la población tanto fuera como dentro del templo.

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Hay quienes al día de hoy aseguran que el sacerdote había sido cristero y siempre le acompañaba su pistola fajada debajo de la sotana.

Sin embargo, logró lo que otros sacerdotes no pudieron, establecer las peregrinaciones anualmente en conmemoración del día de San Francisco, el Santo Patrono de Navolato. Eran grandes concentraciones de personas que se unían para desfilar por las polvorosas calles, donde no podía faltar la música y por supuesto los cohetes que retumbaban por todo el pueblo.

Fue precisamente en Navolato, donde el padre dejó el hábito y un gran cariño entre la gente. De aquí partió para descansar en su querido Jalisco.

El padre falleció en el año de 1984 y por el amor que los navolatenses le siguen profesando aún, sus cenizas fueron traídas a Navolato y depositadas en un nicho detrás del Altar Mayor. Para que por siempre pueda velar por su Parroquia de San Francisco de Asís. El orgullo de Navolato.

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